Siempre cuenta los mismos chistes. Las mismas anécdotas, infinitamente repetidas. Y siempre dice los mismos refranes.
"Se trepaba por las paredes".
"Es loco pero no come vidrio".
Yo no los entendía, o me parecían meras exageraciones. Pero se me hizo la luz. Ayer él tenía que ir a media cuadra, me puso la correa y me llevó. Como era de esperar, Lisa se indignó. Nada de qué sorprenderse. Lloró y gritó en protesta. Como siempre.
Pero después se trepó por la pared. Literalmente. No me explico cómo lo hace. Vino corriendo, saltó a la casilla de gas, y de ahí corrió por la pared, como hacen los jugadores de pelota a paleta. Otro día les cuento de la pelota a paleta. Corrió por la pared, gritando como loca. Por poco llega hasta el alero del porche.
Ella estaba en la computadora y presenció la escena. Se conmovió.
A todo esto, yo me iba tan contento. No es que sea insensible, yo la oí y me dio pena. Pena y un poco de vergüenza ajena. Sí, me dio pena. Pero me fui igual, contento por el paseo.
Ella se conmovió y abrió la ventana para hablarla y consolarla. Lisa vio la ventana abierta y saltó adentro de una. Y siguió corriendo como loca por dentro de la casa. Aullaba como si la estuvieran cuereando. Ella le hablaba y trataba de calmarla, pero nada. Y corriendo, corriendo, llegó de nuevo a la ventana y saltó para afuera. Solo que la ventana ya estaba cerrada. Pegó en seco, con la punta del hocico. Rebotó para adentro. Más llanto, más locura, más desorientación. Tomó carrera y saltó de nuevo. La ventana seguía cerrada. Menos mal que el vidrio no se rompió. Esta vez fue demasiado. Es loca pero no come vidrio. Se sentó a llorar despacito. Ella la habló y la tranquilizó.
Al ratito volvimos. Lisa ya estaba tranquila, y se moría de ganas de contarme del vidrio estúpido que le había abollado el hocico. Yo, feliz con mi paseo.
martes, 22 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
Delivery vs casera
Tu bife, o no tu bife, that is the question.
De todos los refranes y citas (rarezas) que suele sacar él de la manga, este es el que más me emociona. Tu bife, o no tu bife. Bife o hueso, es lo mismo. Esto me lleva a la cuestión del título, delivery versus casera. Lisa y yo tenemos la cuestión abrumadoramente resuelta: preferimos la comida casera. No sé qué tiene, pero nos gusta más. Puede ser arroz o polenta, pero es más rica.
Por ejemplo las pelotitas del súper: una mierda. Es como masticar arena. Yo las comía, pero Lisa las dejaba. Si tenía mucha hambre comía unas poquitas, y después se iba con aires de ofendida. Es verdad que Lisa es melindrosa, pero las pelotitas son muy feas, en eso tiene razón.
Ella nos cocina arroz o polenta. Le mete pedacitos de pollo, o calditos de carne. Impresionante.
Estaba cantado que se les iba a ocurrir la nefasta idea de mezclar las pelotitas con el arroz casero. Obvio. Lo hicieron: yo me comía todo, Lisa se comía el arroz y dejaba las pelotitas. Yo después me comía las que dejaba. Un fracaso.
Después cambiaron a otra marca, que no solo es más barata (compran en un mayorista) sino que es mucho más rica. Estas sí que son ricas. Hasta Lisa las come con gusto.
Pero nada como la casera.
Hace como un mes el cuñado apareció con una bolsa de un arroz saborizado que fabrican en la cooperativa donde trabaja. Así que ahora estamos en el mejor de los mundos, porque nos dan la mezcla de las pelotitas ricas con el arroz saborizado.
Comemos mucho. La verdad es que comemos mucho. No estamos gordos, nada que ver. Pero comemos mucho. Lo peor de todo es que si nos dieran el doble también lo comeríamos: no podemos parar.
Antes nos daban huesos hervidos, pero leyeron que nos puede hacer mal, así que no más huesos. Un garrón, nunca mejor dicho. Ahora están discutiendo si nos van a dar o no huesos crudos. Espero que se decidan pronto.
De todos los refranes y citas (rarezas) que suele sacar él de la manga, este es el que más me emociona. Tu bife, o no tu bife. Bife o hueso, es lo mismo. Esto me lleva a la cuestión del título, delivery versus casera. Lisa y yo tenemos la cuestión abrumadoramente resuelta: preferimos la comida casera. No sé qué tiene, pero nos gusta más. Puede ser arroz o polenta, pero es más rica.
Por ejemplo las pelotitas del súper: una mierda. Es como masticar arena. Yo las comía, pero Lisa las dejaba. Si tenía mucha hambre comía unas poquitas, y después se iba con aires de ofendida. Es verdad que Lisa es melindrosa, pero las pelotitas son muy feas, en eso tiene razón.
Ella nos cocina arroz o polenta. Le mete pedacitos de pollo, o calditos de carne. Impresionante.
Estaba cantado que se les iba a ocurrir la nefasta idea de mezclar las pelotitas con el arroz casero. Obvio. Lo hicieron: yo me comía todo, Lisa se comía el arroz y dejaba las pelotitas. Yo después me comía las que dejaba. Un fracaso.
Después cambiaron a otra marca, que no solo es más barata (compran en un mayorista) sino que es mucho más rica. Estas sí que son ricas. Hasta Lisa las come con gusto.
Pero nada como la casera.
Hace como un mes el cuñado apareció con una bolsa de un arroz saborizado que fabrican en la cooperativa donde trabaja. Así que ahora estamos en el mejor de los mundos, porque nos dan la mezcla de las pelotitas ricas con el arroz saborizado.
Comemos mucho. La verdad es que comemos mucho. No estamos gordos, nada que ver. Pero comemos mucho. Lo peor de todo es que si nos dieran el doble también lo comeríamos: no podemos parar.
Antes nos daban huesos hervidos, pero leyeron que nos puede hacer mal, así que no más huesos. Un garrón, nunca mejor dicho. Ahora están discutiendo si nos van a dar o no huesos crudos. Espero que se decidan pronto.
martes, 1 de junio de 2010
El chanchódromo
Fuimos a caminar los cuatro. Anduvimos por las calles, doblando de vez en cuando, hasta que llegamos a una plaza enorme. Tiene cuatro manzanas. En el medio de la plaza había un señor a caballo. Lisa se le fue al humo y empezó a ladrar. Pero el señor no se movía, así que se aburrió.
Seguimos nuestro paseo. Dimos una vuelta a la plaza. Y otra. Y otra. La cabeza me estallaba. ¿Qué estábamos haciendo? Como de costumbre, nadie se tomó el trabajo de explicarme nada.
Había un montón de gente, muchos con perros. Todos daban vueltas y vueltas a la plaza. Ridículos. Algunos perros estaban perplejos. Otros tenían cara de saber algo, pero no lo decían. Y otros, bueno, ya se sabe que siempre hay irreflexivos que ni se cuestionan qué hacen o por qué.
De las conversaciones que pude escuchar deduje que este lugar se llama el chanchódromo. Y parece que hay un par de chanchódromos más en la ciudad. Yo no vi ningún chancho, así que no entiendo el nombre.
Seguimos nuestro paseo. Dimos una vuelta a la plaza. Y otra. Y otra. La cabeza me estallaba. ¿Qué estábamos haciendo? Como de costumbre, nadie se tomó el trabajo de explicarme nada.
Había un montón de gente, muchos con perros. Todos daban vueltas y vueltas a la plaza. Ridículos. Algunos perros estaban perplejos. Otros tenían cara de saber algo, pero no lo decían. Y otros, bueno, ya se sabe que siempre hay irreflexivos que ni se cuestionan qué hacen o por qué.
De las conversaciones que pude escuchar deduje que este lugar se llama el chanchódromo. Y parece que hay un par de chanchódromos más en la ciudad. Yo no vi ningún chancho, así que no entiendo el nombre.
lunes, 31 de mayo de 2010
El camión de la basura
De todas las cosas fascinantes que ocurren a la noche, el camión de la basura es lo máximo.
Tiene todo para ser un ganador. Tiene muchos olores, y con viento a favor lo olemos desde muy lejos. Es grande y ruidoso, así que lo podemos oír desde un rato antes de que llegue. Tiene luces de colores que dan vueltas. En fin, es irresistible. Por supuesto, todos los perros de la cuadra ladramos como dementes. Los que están sueltos en la calle (y no son pocos) le salen al encuentro una cuadra antes, corren por detrás y a la vuelta, y después lo siguen otra cuadra, aullando histéricamente todo el tiempo. ¡Qué envidia!
El pibe que corre y revolea las bolsas es otro motivo de atracción. Nadie lo toca, y él ni los mira a los histéricos. Pero esto no es con todos. Quiero decir, le ladran, le muestran los dientes y le corretean a todo lo que pasa, con un orden de prioridades:
Como iba diciendo, al pibe que corre lo respetan. Sospecho que les debe haber dado un par de razones suficientemente contundentes como para dejar la cuestión zanjada de una vez por todas. La cuestión es que ni se arriman.
Cuando se va, quedan en el aire mil olores. Los humanos no entienden, no pueden entender lo que es tener un olfato como el nuestro. Para nosotros es como si el camión tuviera pegado en el costado un cartel con el menú de todas las cosas ricas que hay adentro. Pero no nos dejan. Qué mala onda. Ni siquiera nos dejan investigar la bolsa de la basura. ¿Qué daño le puede hacer a nadie que investiguemos un poco? Pero no nos dejan.
Tiene todo para ser un ganador. Tiene muchos olores, y con viento a favor lo olemos desde muy lejos. Es grande y ruidoso, así que lo podemos oír desde un rato antes de que llegue. Tiene luces de colores que dan vueltas. En fin, es irresistible. Por supuesto, todos los perros de la cuadra ladramos como dementes. Los que están sueltos en la calle (y no son pocos) le salen al encuentro una cuadra antes, corren por detrás y a la vuelta, y después lo siguen otra cuadra, aullando histéricamente todo el tiempo. ¡Qué envidia!
El pibe que corre y revolea las bolsas es otro motivo de atracción. Nadie lo toca, y él ni los mira a los histéricos. Pero esto no es con todos. Quiero decir, le ladran, le muestran los dientes y le corretean a todo lo que pasa, con un orden de prioridades:
- otros perros,
- gente a caballo (sí, a veces pasa gente a caballo, porque mi calle es de tierra),
- bicicletas,
- motos,
- autos,
- camiones,
- ómnibus,
- peatones.
Como iba diciendo, al pibe que corre lo respetan. Sospecho que les debe haber dado un par de razones suficientemente contundentes como para dejar la cuestión zanjada de una vez por todas. La cuestión es que ni se arriman.
Cuando se va, quedan en el aire mil olores. Los humanos no entienden, no pueden entender lo que es tener un olfato como el nuestro. Para nosotros es como si el camión tuviera pegado en el costado un cartel con el menú de todas las cosas ricas que hay adentro. Pero no nos dejan. Qué mala onda. Ni siquiera nos dejan investigar la bolsa de la basura. ¿Qué daño le puede hacer a nadie que investiguemos un poco? Pero no nos dejan.
sábado, 29 de mayo de 2010
Viaje de trabajo
Anteayer él se fue a las 7 de la mañana, en el auto, con la mochila y una valijita. Ella se fue a trabajar un rato después. Nos quedamos solos, toda la mañana.
Yo no me había dado cuenta, pero nos hemos acostumbrado a estar con ellos. Nos da curiosidad todo lo que hacen, metemos la nariz y les caminamos entre las piernas. Siempre está la posibilidad de ligar una cascarita de queso o una galleta. Además nos hablan y nos acarician. Eso nos gusta. Lisa se pone panza arriba inmediatamente, pero ella es así, hace lo que le sale, sin un instante de consideración. Yo no me pongo panza arriba tan fácil, pero me gusta mucho que me mimen.
Cuando vuelven con bolsas olfateamos todo. Si traen comida nos damos cuenta inmediatamente. Antes de llegar tocan la bocina del auto, nosotros oímos y los esperamos en la reja. Lisa llora. Yo miro.
Así que estuvimos solos. Cuánto hacía que no me sentía tan solo. Estaba con Lisa, pero estábamos solos. No sé cómo explicarlo.
Lisa ladraba como loca y lloraba alternativamente. Estaba tan alterada que volvió a escarbar en el cantero. Yo la ví y me imaginé que nos iba a costar caro, pero no le dije nada, ¿para qué? No me habría escuchado. Hizo un pozazo y desparramó tierra por todo el patio.
Cuando volvió ella al mediodía nos pusimos locos. Yo, que nunca salto, salté un montón. Qué emoción.
¡Cuando vió la hazaña de Lisa! La retó, le metió el hocico en el pozo y le dio con la chancleta. Pero Lisa cree que es un juego. Apenas terminó con la chancleta, se puso panza arriba y empezó a hacerle fiestas. Claro que ella se enternece y la perdona, claro que Lisa no tiene códigos, pero también es que lo de la chancleta es una farsa, un simulacro. Y Lisa se lo toma como un juego, es lógico.
Estuvimos con ella toda la tarde. Pero él no volvió. Llegó la noche, dormimos, amaneció. Ella se fue a trabajar y nos volvimos a quedar solos.
Esta vez fue más triste. No sabíamos qué pensar. Nadie nos explicó nada. A media mañana teníamos la cabeza llena de ideas contradictorias. Decidimos dejar de barajar posibilidades, para no volvernos locos. Pero una cosa es querer y otra poder. Lisa volvió a escarbar, y yo a temer las consecuencias.
Esperábamos que llegue ella al mediodia. Seguro que la retaba, pero ya se sabe, en el fondo no pasa nada.
En cambio llegó él. Nos pusimos locos de alegría, lloramos, saltamos, nos peleamos, hicimos fiestas, todo a la vez.
Cuando se me pasó la conmoción, me acordé del pozo abierto, y la tierra desparramada. Me preocupé. Me preocupé mucho.
Por suerte él agarró para el otro lado, con las valijas. No fue al patio. Y justo llegó ella, se pusieron a charlar y se lo llevó para adentro de la casa.
Zafamos.
Ya era el mediodía pasado, y nos dio hambre. Nos pusimos contentos porque nos iban a traer la comida. Traer la comida. La comida siempre la trae él. Y se queda con nosotros hasta que terminamos. En el patio. Me volví a acordar del pozo abierto. Y me preocupé.
Nos trajo la comida. Vio el pozo. No dijo nada.
No sé por qué, pero Lisa se salvó de una buena. Tiene suerte la guacha.
Cuando terminamos de comer dejó en el piso el tupper con la cuchara de bambú que usa para mezclar. Mientras él la cuidaba a Lisa que estaba terminando de lamer los platos, yo me agarré la cuchara y me la llevé a la cucha.
Una cuchara hermosa, de bambú, grande, nuevita, con un mango perfecto para masticar. Así que la empecé a masticar, como corresponde. Pero en lo mejor que estaba, lo veo asomarse a la puerta de la cucha, mete la mano y me saca la cuchara. Apenas si había empezado con el mango. Hay gente jodida. Pero estoy contento porque volvió. Me habían venido recuerdos muy tristes, aunque en el momento no los quise reconocer.
Otra vez avisen, por favor.
Yo no me había dado cuenta, pero nos hemos acostumbrado a estar con ellos. Nos da curiosidad todo lo que hacen, metemos la nariz y les caminamos entre las piernas. Siempre está la posibilidad de ligar una cascarita de queso o una galleta. Además nos hablan y nos acarician. Eso nos gusta. Lisa se pone panza arriba inmediatamente, pero ella es así, hace lo que le sale, sin un instante de consideración. Yo no me pongo panza arriba tan fácil, pero me gusta mucho que me mimen.
Cuando vuelven con bolsas olfateamos todo. Si traen comida nos damos cuenta inmediatamente. Antes de llegar tocan la bocina del auto, nosotros oímos y los esperamos en la reja. Lisa llora. Yo miro.
Así que estuvimos solos. Cuánto hacía que no me sentía tan solo. Estaba con Lisa, pero estábamos solos. No sé cómo explicarlo.
Lisa ladraba como loca y lloraba alternativamente. Estaba tan alterada que volvió a escarbar en el cantero. Yo la ví y me imaginé que nos iba a costar caro, pero no le dije nada, ¿para qué? No me habría escuchado. Hizo un pozazo y desparramó tierra por todo el patio.
Cuando volvió ella al mediodía nos pusimos locos. Yo, que nunca salto, salté un montón. Qué emoción.
¡Cuando vió la hazaña de Lisa! La retó, le metió el hocico en el pozo y le dio con la chancleta. Pero Lisa cree que es un juego. Apenas terminó con la chancleta, se puso panza arriba y empezó a hacerle fiestas. Claro que ella se enternece y la perdona, claro que Lisa no tiene códigos, pero también es que lo de la chancleta es una farsa, un simulacro. Y Lisa se lo toma como un juego, es lógico.
Estuvimos con ella toda la tarde. Pero él no volvió. Llegó la noche, dormimos, amaneció. Ella se fue a trabajar y nos volvimos a quedar solos.
Esta vez fue más triste. No sabíamos qué pensar. Nadie nos explicó nada. A media mañana teníamos la cabeza llena de ideas contradictorias. Decidimos dejar de barajar posibilidades, para no volvernos locos. Pero una cosa es querer y otra poder. Lisa volvió a escarbar, y yo a temer las consecuencias.
Esperábamos que llegue ella al mediodia. Seguro que la retaba, pero ya se sabe, en el fondo no pasa nada.
En cambio llegó él. Nos pusimos locos de alegría, lloramos, saltamos, nos peleamos, hicimos fiestas, todo a la vez.
Cuando se me pasó la conmoción, me acordé del pozo abierto, y la tierra desparramada. Me preocupé. Me preocupé mucho.
Por suerte él agarró para el otro lado, con las valijas. No fue al patio. Y justo llegó ella, se pusieron a charlar y se lo llevó para adentro de la casa.
Zafamos.
Ya era el mediodía pasado, y nos dio hambre. Nos pusimos contentos porque nos iban a traer la comida. Traer la comida. La comida siempre la trae él. Y se queda con nosotros hasta que terminamos. En el patio. Me volví a acordar del pozo abierto. Y me preocupé.
Nos trajo la comida. Vio el pozo. No dijo nada.
No sé por qué, pero Lisa se salvó de una buena. Tiene suerte la guacha.
Cuando terminamos de comer dejó en el piso el tupper con la cuchara de bambú que usa para mezclar. Mientras él la cuidaba a Lisa que estaba terminando de lamer los platos, yo me agarré la cuchara y me la llevé a la cucha.
Una cuchara hermosa, de bambú, grande, nuevita, con un mango perfecto para masticar. Así que la empecé a masticar, como corresponde. Pero en lo mejor que estaba, lo veo asomarse a la puerta de la cucha, mete la mano y me saca la cuchara. Apenas si había empezado con el mango. Hay gente jodida. Pero estoy contento porque volvió. Me habían venido recuerdos muy tristes, aunque en el momento no los quise reconocer.
Otra vez avisen, por favor.
viernes, 28 de mayo de 2010
Cachorrito de rottweiler
Un bajón. De aquellos.
Saqué a pasear a mi dueño. El necesita caminar, así que yo lo cuido. Lisa se quedó, como era de esperar, llorando indignada.
Yo estaba muy loco, porque hacía como una semana que no salíamos.
A la vuelta ví un cachorrito, muy lindo y amistoso. Nos olfateamos como se debe, salió la dueña a ver qué pasaba. Lo llamó Rocco. Era una flaca. Me cayó bien hasta que me miró y dijo "ese no es un rottweiler, parece más un dobermann". Qué bajón. El daño ya estaba hecho, pero mi dueño me defendió, De paso aprovechó para exponer su teoría
los humanos son así. Todos son así, repetitivos. Cada uno tiene su tema o sus temas. Y cada uno piensa que los demás son cargosos y monotemáticos. Pero para mí son todos iguales, monotemáticos y repetitivos
su teoría de que la mala fama de los rottweiler es inmerecida. Dice que los culpables son los dueños, que los encadenan para que se hagan malos. Es lo que se llama meter el dedo en el enchufe. La dueña de Rocco dijo que a veces lo tiene atado, porque no quiere que se haga mimoso con los extraños. Mi dueño pateó al corner y arrancó con otro de sus temas. Dice que yo soy el perfecto perro guardián (y no como Macu, el antiperro guardián), que hago todo bien, sin que nadie me haya enseñado nada, etc. Pero la flaca no compró, me parece que no compró. Creo que ella lo va a seguir encadenando.
Viendo a Rocco asumí: yo soy un rottweiler cruzado con dobermann, y ya está, nunca voy a ser como él. No es que yo compre el discurso racista. Pero es tan lindo que no hay modo de comparar. Tiene cuatro meses, y ya es como yo a los ocho. Es cabezón, tiene unas patas muy gruesas, y pinta para llegar a más de sesenta kilos.
Un bajón.
Saqué a pasear a mi dueño. El necesita caminar, así que yo lo cuido. Lisa se quedó, como era de esperar, llorando indignada.
Yo estaba muy loco, porque hacía como una semana que no salíamos.
A la vuelta ví un cachorrito, muy lindo y amistoso. Nos olfateamos como se debe, salió la dueña a ver qué pasaba. Lo llamó Rocco. Era una flaca. Me cayó bien hasta que me miró y dijo "ese no es un rottweiler, parece más un dobermann". Qué bajón. El daño ya estaba hecho, pero mi dueño me defendió, De paso aprovechó para exponer su teoríalos humanos son así. Todos son así, repetitivos. Cada uno tiene su tema o sus temas. Y cada uno piensa que los demás son cargosos y monotemáticos. Pero para mí son todos iguales, monotemáticos y repetitivos
su teoría de que la mala fama de los rottweiler es inmerecida. Dice que los culpables son los dueños, que los encadenan para que se hagan malos. Es lo que se llama meter el dedo en el enchufe. La dueña de Rocco dijo que a veces lo tiene atado, porque no quiere que se haga mimoso con los extraños. Mi dueño pateó al corner y arrancó con otro de sus temas. Dice que yo soy el perfecto perro guardián (y no como Macu, el antiperro guardián), que hago todo bien, sin que nadie me haya enseñado nada, etc. Pero la flaca no compró, me parece que no compró. Creo que ella lo va a seguir encadenando.
Viendo a Rocco asumí: yo soy un rottweiler cruzado con dobermann, y ya está, nunca voy a ser como él. No es que yo compre el discurso racista. Pero es tan lindo que no hay modo de comparar. Tiene cuatro meses, y ya es como yo a los ocho. Es cabezón, tiene unas patas muy gruesas, y pinta para llegar a más de sesenta kilos.
Un bajón.
martes, 25 de mayo de 2010
Las cortinas
Felices. Estábamos felices de nuestra hazaña. Pero cuando llegaron nos dimos cuenta de que algo andaba mal. Nos miraron feo, volvieron a poner la cortina en la ventana de la cochera, nos apuntaron con el dedo, y todo quedó ahí.
A la mañana siguiente, estábamos felices de nuevo. La satisfacción que se siente al descolgar una cortina no la puedo describir. Cuando aparecieron, pusieron cara más fea, y nos apuntaron con el dedo. Volvieron a colgar la cortina, y esta vez pusieron una mesa delante de la ventana. A Lisa le pareció muy buena la idea de la mesa: saltó encima y descolgamos de nuevo la cortina. Que ya estaba un poco rota, pero bueno, es parte del juego.
A la mañana siguiente nos miraron muy feo, y nos amenazaron con una alpargata. Pusieron un cartón prensado entre la mesa y la cortina.
Pasó un día.
Pasó otro día.
Y volvimos a estar felices. Esta vez la cortina se rompió mucho. Después de todo ya era bastante vieja, che. Se armó. Hubo sermón. Nos metieron la nariz en la cortina rota (lo que quedaba), la alpargata entró en acción, colgaron una cortina nueva, y pusieron más cosas encima y debajo de la mesa. La dejaron muy difícil. Y sobre todo, dejaron claro que no podíamos tocar la cortina.
Yo no sé por qué serán tan amargos. Con lo lindo que es descolgar la cortina y tironear entre los dos hasta hacerla hilachas. Pero no, no quieren vernos felices. Es la envidia, porque ellos no saben jugar como nosotros. Adentro de la casa tienen un montón de cortinas, y no las muerden. Se ve que a ellos tampoco los dejan.
No importa. Nosotros los queremos igual, aunque tengan defectos.
Pero cuando nos quedamos solos, miramos las cortinas con cariño.
A la mañana siguiente, estábamos felices de nuevo. La satisfacción que se siente al descolgar una cortina no la puedo describir. Cuando aparecieron, pusieron cara más fea, y nos apuntaron con el dedo. Volvieron a colgar la cortina, y esta vez pusieron una mesa delante de la ventana. A Lisa le pareció muy buena la idea de la mesa: saltó encima y descolgamos de nuevo la cortina. Que ya estaba un poco rota, pero bueno, es parte del juego.
A la mañana siguiente nos miraron muy feo, y nos amenazaron con una alpargata. Pusieron un cartón prensado entre la mesa y la cortina.
Pasó un día.
Pasó otro día.
Y volvimos a estar felices. Esta vez la cortina se rompió mucho. Después de todo ya era bastante vieja, che. Se armó. Hubo sermón. Nos metieron la nariz en la cortina rota (lo que quedaba), la alpargata entró en acción, colgaron una cortina nueva, y pusieron más cosas encima y debajo de la mesa. La dejaron muy difícil. Y sobre todo, dejaron claro que no podíamos tocar la cortina.
Yo no sé por qué serán tan amargos. Con lo lindo que es descolgar la cortina y tironear entre los dos hasta hacerla hilachas. Pero no, no quieren vernos felices. Es la envidia, porque ellos no saben jugar como nosotros. Adentro de la casa tienen un montón de cortinas, y no las muerden. Se ve que a ellos tampoco los dejan.
No importa. Nosotros los queremos igual, aunque tengan defectos.
Pero cuando nos quedamos solos, miramos las cortinas con cariño.
viernes, 21 de mayo de 2010
No tiene códigos
No tiene códigos. Ni vergüenza. Yo soy un tarado: hago lo que tengo que hacer, no hago lo que no tengo que hacer, si me retan me doy cuenta en el acto, me pongo triste y me voy a la cucha.
A la noche fue la historia. Yo sabía lo que iba a pasar. Anduvo haciendo arcadas un rato y al final vomitó. No sería ético decir que me alegro, pero ganas no me faltan.
Ella no. Ella no tiene códigos. Si la retan cree que es un juego. Se ríe. Y como es tan simpática, hace lo que se le da la gana, y se hace perdonar todo, moviendo la cola.
Cuando nos dan la comida, yo me como todo, no elijo, no dejo nada. Ella no. La señorita come lo que le gusta, y deja lo que no le gusta. El alimento balanceado del súper no le gusta. Saca todas las pelotitas, una por una, se come las que le gustan, y deja las demás. ¿Por qué tiene que ser así de complicada?
Cuando nos dan la comida, yo me como todo, no elijo, no dejo nada. Ella no. La señorita come lo que le gusta, y deja lo que no le gusta. El alimento balanceado del súper no le gusta. Saca todas las pelotitas, una por una, se come las que le gustan, y deja las demás. ¿Por qué tiene que ser así de complicada?
Ayer estábamos los cuatro en el patio. Ya nos habían dado la comida, y estábamos nosotros panza arriba tomando sol. Él se fue un instante a la cochera, ella se fue un instante al lavadero, y Lisa se zampó al dormitorio. Una luz. Cuando me dí cuenta, la quise seguir, pero me vieron y me atajaron; bastó un chistido. Me salía de la vaina porque la injusticia me subleva, pero no dije nada y me quedé sentado. La bronca que tenía.
Al rato, él entró a la casa, y allá la descubrió, en la cocina. Moviendo la cola como una princesa, la guacha falsa. El miró por todas partes, no había nada roto, todo parecía en orden, ella tenía su mejor sonrisa. Bueno, la sacó, no pasó nada. Listo.
Pero Lisa es chusma, no se aguantó y me contó. En el segundo que estuvo sola en la cocina se tragó una pata de pollo asado, que habían reservado para la noche. Se la tragó entera. Con razón estaba contenta cuando él la vio. Tenía motivos. Cuando buscaron la pata y no la encontraron nos preguntaron a nosotros. Yo no dije nada, faltaba más. Pero ella, ella se quedó muda. ¡Qué guacha! Ellos pensaron un rato, y se dieron cuenta de quién había sido. Yo esperaba que la reten y la manden a la cucha en penitencia. Pero no le dijeron nada. Es tan simpática...
A la noche fue la historia. Yo sabía lo que iba a pasar. Anduvo haciendo arcadas un rato y al final vomitó. No sería ético decir que me alegro, pero ganas no me faltan.
No tiene códigos.
jueves, 20 de mayo de 2010
Dobermann, gato y galgo
Mis dueños dicen que Lisa es cruza de dobermann y galgo. Doberman por los colores, galgo por la forma del hocico. Pero yo creo que en realidad tiene algo de gato.
Es increíblemente ágil y flexible. En la foto está tomando sol. No se está estirando, está dormida en una posición inverosímil.
Se trepa de un brinco a la mesada de la cochera. Pusieron cartones y la escalerita chica encima, porque ella se quedaba sentada ahí.
En el asador del patio pusieron una reja para que no se pase desde el cantero. Pero eso es pura ignorancia. Ella no se pasa desde el cantero, brinca desde el piso. Ni siquiera toma envión. Y cuando está encima del asador se trepa a las macetas. Saca la cabeza por encima de la reja que está encima de la tapia, y ladra para afuera. No se puede creer.
Se trepa de un salto al asador que está dentro de la cochera. Después de los asados el olor de la parrilla fría es irresistible. Se llena las patas de hollín y después deja las pruebas del delito por todas partes.
Brinca al capó del auto, y de ahí al techo. Y te mira muerta de risa, como si le hiciera gracia. Cuando baja se patina en el parabrisas y dobla las escobillas. Por eso se dieron cuenta. Después vieron las marcas de las patas en el capó, y el limpiaparabrisas doblado, y se armó.
Pero no le pidan dominio de pelota. Ágil o no, es una ojota integral.
Es increíblemente ágil y flexible. En la foto está tomando sol. No se está estirando, está dormida en una posición inverosímil.
Se trepa de un brinco a la mesada de la cochera. Pusieron cartones y la escalerita chica encima, porque ella se quedaba sentada ahí.
En el asador del patio pusieron una reja para que no se pase desde el cantero. Pero eso es pura ignorancia. Ella no se pasa desde el cantero, brinca desde el piso. Ni siquiera toma envión. Y cuando está encima del asador se trepa a las macetas. Saca la cabeza por encima de la reja que está encima de la tapia, y ladra para afuera. No se puede creer.
Se trepa de un salto al asador que está dentro de la cochera. Después de los asados el olor de la parrilla fría es irresistible. Se llena las patas de hollín y después deja las pruebas del delito por todas partes.
Brinca al capó del auto, y de ahí al techo. Y te mira muerta de risa, como si le hiciera gracia. Cuando baja se patina en el parabrisas y dobla las escobillas. Por eso se dieron cuenta. Después vieron las marcas de las patas en el capó, y el limpiaparabrisas doblado, y se armó.
Pero no le pidan dominio de pelota. Ágil o no, es una ojota integral.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Leer el diario
Mi dueño estaba cuidando una bondiola de cerdo en el asador de la cochera, con la radio del auto prendida. Le estaban haciendo una entrevista al autor de un libro que se llama algo así como "La ciencia de mayo". Contaba que cuando Moreno fundó la biblioteca la gente le donó, entre otros, una cantidad de libros científicos. Y concluía que la gente leía mucho, y cosas de fondo. Porque leer es uno de los placeres de la vida. Hablo por mí. Yo sé que muchos humanos se quejan de que los chicos de ahora no leen, de que solo miran la tele, o juegan en la compu. Ellos se lo pierden.En cuanto a mí, yo no dejo pasar oportunidad. Pero esta mañana tuve un disgusto. Se acercó a la reja una de mis proveedoras de material de lectura, la chica que reparte los folletos de una cadena de supermercados. Venía, como siempre, a entregarme el folleto. Ella lo tira a través de la reja. Pero mi dueño se anticipó, y se lo agarró para él. Ya sé lo que va a pasar, ahora no lo voy a poder leer. Pero lo peor es que le dijo a la chica que deje el folleto por la otra entrada, que tiene buzón, para que yo no lo agarre. Qué impudicia. Cosas así te hacen perder la confianza en los humanos.
Volviendo al placer de la lectura, es algo que recomiendo para todas las edades. Relaja la mente y el cuerpo, libera tensiones, provee un sano ejercicio. En fin, todo a favor y nada en contra. Para no mencionar que leer el diario es parte de la obligación de estar informado.
martes, 18 de mayo de 2010
Cucha
Frenó una chata, se bajaron él y otro tipo, y empezaron a ir y venir tomando medidas y barajando posibilidades.Después de un rato, abrieron la puerta de hierro del patio trasero, metieron una cosa enorme
y la dejaron bajo el techo plegadizo de aluminio. Cerraron la puerta, salieron de nuevo al frente de la casa y siguieron discutiendo. Al rato, agarraron otra cosa igual a la anterior y la pasaron por encima de la reja. Parece que por la puerta no entraba. Mi dueño renegaba "mirá que yo le dije al pelotudo que no tuvieran más de setenta y dos centímetros de ancho, pero el pelotudo le erró mal"
por lo visto, el señor que hizo las cuchas se llama "Pelotudo", un nombre raro pero qué me voy a quejar yo si ella me puso Atilio ¡Atitlio ¿se dan cuenta?!
eso, son cuchas. Sí señor, dos cuchas hermosas, de madera de pino.
Al principio no sabía qué hacer, pero él me hizo entrar, olí todo, y me gustó. Al rato ya estaba como si fuera mi casa de toda la vida. O sea que de día tenemos dos casas. Lisa y yo entramos bien en cualquiera de las dos, pero nos hacen dormir uno en cada patio, diz que por la seguridad, ¿vió?
La cucha es muy importante. Cuando tengo algo que es mío, me lo llevo a la cucha para que nadie lo toque.
En la foto estoy yo dentro de la cucha. Me gusta que la puerta no esté al medio, porque así yo elijo: si quiero mirar para afuera, me pongo frente a la puerta, si quiero dormir me escondo detrás de la pared. ¡Qué inteligente es mi dueño! Un bocho.
lunes, 17 de mayo de 2010
La pelota
Hay momentos en la vida que son como una iluminación. Algo, quizá un detalle irrelevante, desencadena fuerzas poderosas que estaban ocultas. Y eso, de pronto, te da una visión distinta de quién sos realmente. Apareció con una cosa amarilla y afelpada. Pensé que era un pollito: un bombón. Lo olí con ilusión, solo para quedar inmediatamente desilusionado: no era comestible. Me mostró lo que tenía en la mano, y yo puse cara de interés y concentración, porque supuse que era lo que se esperaba de mí. Entonces la tiró contra la pared, y empezó a rebotar. Ah. Mis ojos se abrieron y mi mente formuló el concepto de pelota. Inmediatamente después se cristalizó el concepto de deporte. Y ví. Me ví. Y comprendí. Me fue revelado un rasgo capital de mi ser: soy un deportista nato, yo soy para la pelota, la pelota es para mí. La pelota es un artefacto maravilloso. No exagero si digo que es casi tan atractiva como un hueso real de vaca. Necesité un poco de investigación (ya saben, el tema de prueba y error) para entender la dinámica de la pelota. Me costó varios golpes, porque en mi entusiasmo inicial me dí varias veces con las paredes, y una de las veces que salté más alto, me di cuenta de que la pelota me pasaba, giré en el aire para agarrarla, y caí de espaldas mal. Pero muy mal. Un blooper, menos mal que no estaban filmando.
La pelota tiene dos modos de funcionamiento. El modo autónomo tiene la ventaja de que yo la agarro cuando quiero, me la llevo a la cucha y la muerdo. La desventaja es que es muy aburrido. El modo más interesante es con motorización asistida. El problema es que tengo que convencer al motor. Entonces busco la pelota, la llevo y se la pongo delante. El motor ya saben quién es. Y no siempre me da pelota. Ja, un chistonto, no sé si lo pescaron.Lisa intentó participar. Los dos le tiramos varias sogas. Pero ella no entiende nada. Parece creer que la pelota es un objeto decorativo, una especie de accesorio. Y las pocas veces que trató de agarrarla no hizo buen papel. Iba a decir que es de madera, pero en realidad es muy elástica. Me parece que "ojota" es la palabra precisa. Ojota, eso es. Cuando tiene la pelota en la boca, es evidente que no sabe qué hacer. ¡no sabe qué hacer, ¿se dan cuenta?! La deja en el piso y se nos queda mirando con expresión vacante. Simplemente no entiende qué le vemos de interesante a la pelota.
viernes, 14 de mayo de 2010
Ya somos amigos
Anoche llegó Lisa. Dormimos en patios separados. Esta mañana mi dueño la acercó a la reja de mi patio, pero por el lado de afuera. Reja de por medio. Al principio Lisa no quería saber nada. De a poco la fue trayendo para que me olfatee. Al rato la convenció de dejar que yo la olfateara. Siempre reja de por medio. Bastante rato después la trajo a mi patio, pero antes me ató a la reja. A ella la traía de la correa. Estuvimos un rato cerca, y teníamos mucha curiosidad. Al final, la dejó acercarse a mí. A todo esto, yo siempre atado.
Qué innecesario. Yo soy un caballero. Jamás atacaría a una perra.
Al final, a Lisa se le pasó el susto, nos olfateamos a gusto, y nos soltó para que jugáramos.
Es divertido jugar con Lisa. Jugamos a correr, y hacemos como que nos mordemos, pero es un juego. Ella es bastante llorona. Dice que yo soy muy bruto. Puede ser, pero ella también es una llorona. A cada rato llora como si la estuvieran degollando, y es nada más que un mordisco. Ni siquiera, porque yo no la muerdo, solo amago.
Nos hacemos compañía. Nos llevamos bastante bien, como si nos conociéramos de toda la vida. El tema de los territorios está sin resolver, porque no se presentó. No me voy a adelantar a los hechos. Veremos qué pasa.
Pero ya somos amigos.
Qué innecesario. Yo soy un caballero. Jamás atacaría a una perra.
Al final, a Lisa se le pasó el susto, nos olfateamos a gusto, y nos soltó para que jugáramos.
Es divertido jugar con Lisa. Jugamos a correr, y hacemos como que nos mordemos, pero es un juego. Ella es bastante llorona. Dice que yo soy muy bruto. Puede ser, pero ella también es una llorona. A cada rato llora como si la estuvieran degollando, y es nada más que un mordisco. Ni siquiera, porque yo no la muerdo, solo amago.
Nos hacemos compañía. Nos llevamos bastante bien, como si nos conociéramos de toda la vida. El tema de los territorios está sin resolver, porque no se presentó. No me voy a adelantar a los hechos. Veremos qué pasa.
Pero ya somos amigos.
jueves, 13 de mayo de 2010
Lisa
Se fueron a comer un asado a Chovet y me dejaron solo. No hay drama, yo no tengo miedo. Pero me trajo recuerdos tristes. Por lo menos estaba en mi territorio, en mi casa, con agua y comida.
Volvieron como a la medianoche. Me puse loco de alegría. Me saludaron, me acariciaron, y todo eso.
Tenían olor a perro, como siempre que vienen de Chovet, porque el cuñado tiene seis boxers y dos perros más.
Pero pasaba algo. Se demoraban. Al final abrieron la puerta del auto, y apareció una perra. La acercaron a la reja, y entró en pánico. Yo la quería olfatear, pero ella lloraba como si la estuvieran carneando, y no quería saber nada. ¿Quién entiende a las perras? No la pudieron tranquilizar, así que me encerraron en el patio de adelante, y ella fue a parar al patio de atrás, cerca de ellos.
Escuché cómo se lamentaba, y ellos le hablaban. Enseguida se calmó, y ya no hubo más ruidos. Me llama la atención. No sé qué le habrán dicho. Tal vez la sobornaron. ¿Le habrán dado un hueso, y a mí nada? Eso me preocupa. ¿Cómo será el reparto de territorios ahora? ¿Tendremos otra escena como la de Macu? Pensando en esto y barajando posibilidades, no pude dormir.
Se llama Lisa. Es bastante parecida a mí, negro y fuego, pero no igual. Tiene como una corbata blanca. Pesa más o menos la mitad que yo. Es delgadita y tiene un hocico muy lindo. Lástima que sea tan llorona.
Volvieron como a la medianoche. Me puse loco de alegría. Me saludaron, me acariciaron, y todo eso.
Tenían olor a perro, como siempre que vienen de Chovet, porque el cuñado tiene seis boxers y dos perros más.
Pero pasaba algo. Se demoraban. Al final abrieron la puerta del auto, y apareció una perra. La acercaron a la reja, y entró en pánico. Yo la quería olfatear, pero ella lloraba como si la estuvieran carneando, y no quería saber nada. ¿Quién entiende a las perras? No la pudieron tranquilizar, así que me encerraron en el patio de adelante, y ella fue a parar al patio de atrás, cerca de ellos.
Escuché cómo se lamentaba, y ellos le hablaban. Enseguida se calmó, y ya no hubo más ruidos. Me llama la atención. No sé qué le habrán dicho. Tal vez la sobornaron. ¿Le habrán dado un hueso, y a mí nada? Eso me preocupa. ¿Cómo será el reparto de territorios ahora? ¿Tendremos otra escena como la de Macu? Pensando en esto y barajando posibilidades, no pude dormir.
Se llama Lisa. Es bastante parecida a mí, negro y fuego, pero no igual. Tiene como una corbata blanca. Pesa más o menos la mitad que yo. Es delgadita y tiene un hocico muy lindo. Lástima que sea tan llorona.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Curabichera
Anteayer buscó en la alacena de la cochera y sacó un frasquito. De vidrio. Chiquito. Lo olí para ver si era comestible, pero no me gustó. Estornudé.
Después me agarró, me llevó al sol y me empezó a hablar con voz tranquila. Yo pensé que me estaba mimando y me puse contento. Pero buscó una peladura que tenía en un codillo, y me roció con el frasquito.
Me asusté. Empecé a retorcerme y me quise escapar, pero no me dejó. Lloré. Un papelón. No me dolía ni nada, pero me agarró de sorpresa. No hay derecho. Era algo desconocido y me asusté. Por eso lloré, pero no es que no tenga aguante, por favor. Además lloré poquito.
Después siguió con todas las peladuras que tenía, que eran unas cuantas. Me roció en cada una. La verdad es que en el momento me pica un poco, y si lo huelo me hace estornudar. Pero no es nada grave.
Hoy es el tercer día que me pone, y ya no me da miedo. Lo dejo hacer sin dramas. Se me están empezando a curar las peladuras, y ya no me pican más, así que dejé de rascarme. Y aprendí a no olerlo, así que tampoco estornudo.
Pero me ha quedado una desconfianza hacia los frasquitos chiquitos de vidrio con rociador.
Después me agarró, me llevó al sol y me empezó a hablar con voz tranquila. Yo pensé que me estaba mimando y me puse contento. Pero buscó una peladura que tenía en un codillo, y me roció con el frasquito.
Me asusté. Empecé a retorcerme y me quise escapar, pero no me dejó. Lloré. Un papelón. No me dolía ni nada, pero me agarró de sorpresa. No hay derecho. Era algo desconocido y me asusté. Por eso lloré, pero no es que no tenga aguante, por favor. Además lloré poquito.
Después siguió con todas las peladuras que tenía, que eran unas cuantas. Me roció en cada una. La verdad es que en el momento me pica un poco, y si lo huelo me hace estornudar. Pero no es nada grave.
Hoy es el tercer día que me pone, y ya no me da miedo. Lo dejo hacer sin dramas. Se me están empezando a curar las peladuras, y ya no me pican más, así que dejé de rascarme. Y aprendí a no olerlo, así que tampoco estornudo.
Pero me ha quedado una desconfianza hacia los frasquitos chiquitos de vidrio con rociador.
martes, 11 de mayo de 2010
Pasear en auto
Una historia. Un papelón. Abrió la puerta del auto y me dijo que subiera. Ni loco. Yo no subo. No subo y no subo.
Pero hay gente que no se da por vencida, y te gana por cansancio. Como en este caso. Un poco por la insistencia, otro poco porque me agarró del collar, otro poco porque me levantó de la panza, otro poco porque me habló, en fin, que al final subí.
Y allá partimos. Yo iba atrás. Me abrieron un poquito la ventana, muy poquito. No podía saltar, aunque me habría gustado. Yo miraba todo, me faltaban ojos. Había millones de olores interesantes en el aire. Al rato me pasé adelante, como corresponde. Pero no me dejaron. Estacionaron el auto y me mandaron de nuevo atrás, con cara seria y apuntándome con el dedo. Volví a mirar. Hay perros que miran para atrás, pero yo miro para adelante. Apoyo mi cabeza en su hombro, me pongo cómodo y miro para adelante. Si quiero cambiar de lado me voy al hombro de ella.
Comentaron que en los paseos Macu se babeaba todo, y Félix también. Yo no me babeo, faltaba más.
Fuimos al campo, al aeródromo local. A la ida pasamos por un campito muy lindo, a la izquierda de la ruta, con árboles, flores y pastito, con caminos dentro. A la entrada tiene una casita linda con techo de tejas, y un cartel. Alcancé a leer que decía "Parque". Pero si es un parque ¿por qué no tiene hamacas?
Al fondo de una recta larga, de varios kilómetros, está el aeródromo. Ellos dijeron que era el aeródromo, pero para mí que también es autódromo y velódromo. De vez en cuando nos pasaba una moto o un auto a mil, haciendo mucho ruido con el escape. Y había un pelotón de ciclistas yendo y viniendo. Me dí cuenta de que eran ciclistas por la ropa, esa ropa que solo un ciclista es capaz de ponerse, un borcegazo a la retina. Además iban en bici.
Entramos al aeródromo. Fuimos hasta el fondo. Había un montón de hombres grandes jugando con avioncitos de motor. Tienen un control remoto. El control lo tenía el papá. Los hijos miraban cómo su papá jugaba. Qué raro que los chicos no tengan ganas de jugar. Lindos los avioncitos. Cuando yo sea grande quiero tener uno.
Cuando nos cansamos de mirar los avioncitos volvimos a la recta-Parque-velódromo-autódromo. Estacionamos el auto en el pasto, y nos bajamos. Me ató en el alambrado, con una correa muy larga. Pero sigue siendo una correa, y no es lo mismo que estar suelto.
Tomamos mate, escuchamos música y vimos aterrizar un par de avionetas. Ellos comieron pepas (esas con dulce de membrillo) y a mí no me dieron. No importa, yo comí pasto y tampoco les dí.
Al final me gustó el paseo. Y el auto, bueno, ya me hice amigo del auto.
Para sellar mi amistad, a la noche en la cochera le oriné una rueda.
Pero hay gente que no se da por vencida, y te gana por cansancio. Como en este caso. Un poco por la insistencia, otro poco porque me agarró del collar, otro poco porque me levantó de la panza, otro poco porque me habló, en fin, que al final subí.
Y allá partimos. Yo iba atrás. Me abrieron un poquito la ventana, muy poquito. No podía saltar, aunque me habría gustado. Yo miraba todo, me faltaban ojos. Había millones de olores interesantes en el aire. Al rato me pasé adelante, como corresponde. Pero no me dejaron. Estacionaron el auto y me mandaron de nuevo atrás, con cara seria y apuntándome con el dedo. Volví a mirar. Hay perros que miran para atrás, pero yo miro para adelante. Apoyo mi cabeza en su hombro, me pongo cómodo y miro para adelante. Si quiero cambiar de lado me voy al hombro de ella.
Comentaron que en los paseos Macu se babeaba todo, y Félix también. Yo no me babeo, faltaba más.
Fuimos al campo, al aeródromo local. A la ida pasamos por un campito muy lindo, a la izquierda de la ruta, con árboles, flores y pastito, con caminos dentro. A la entrada tiene una casita linda con techo de tejas, y un cartel. Alcancé a leer que decía "Parque". Pero si es un parque ¿por qué no tiene hamacas?
Al fondo de una recta larga, de varios kilómetros, está el aeródromo. Ellos dijeron que era el aeródromo, pero para mí que también es autódromo y velódromo. De vez en cuando nos pasaba una moto o un auto a mil, haciendo mucho ruido con el escape. Y había un pelotón de ciclistas yendo y viniendo. Me dí cuenta de que eran ciclistas por la ropa, esa ropa que solo un ciclista es capaz de ponerse, un borcegazo a la retina. Además iban en bici.
Entramos al aeródromo. Fuimos hasta el fondo. Había un montón de hombres grandes jugando con avioncitos de motor. Tienen un control remoto. El control lo tenía el papá. Los hijos miraban cómo su papá jugaba. Qué raro que los chicos no tengan ganas de jugar. Lindos los avioncitos. Cuando yo sea grande quiero tener uno.
Cuando nos cansamos de mirar los avioncitos volvimos a la recta-Parque-velódromo-autódromo. Estacionamos el auto en el pasto, y nos bajamos. Me ató en el alambrado, con una correa muy larga. Pero sigue siendo una correa, y no es lo mismo que estar suelto.
Tomamos mate, escuchamos música y vimos aterrizar un par de avionetas. Ellos comieron pepas (esas con dulce de membrillo) y a mí no me dieron. No importa, yo comí pasto y tampoco les dí.
Al final me gustó el paseo. Y el auto, bueno, ya me hice amigo del auto.
Para sellar mi amistad, a la noche en la cochera le oriné una rueda.
lunes, 10 de mayo de 2010
Shampoo
Volvimos de caminar, estaba sediento. Realmente, el calor de la tarde de verano me jugaba en contra. Estaba muy cansado. Pero cuando los humanos conversan haciéndose los distraídos hay que estar atento. Como en este caso. Ellos creen que no me doy cuenta, pero yo percibo todo. Es decir, me doy cuenta de que hablan de mí por su lenguaje corporal. Y estaban hablando de mí. Barajando opciones de lugares ¿lugares para qué? Después apareció en un shortcito gris hecho bolsa que tiene como mil años, pero él lo ama. Se fue a la cochera, y trajo una botella que decía "Shampoo para perros". Después trajo un balde y un cepillo. Finalmente, prendió la bomba de agua y se me acercó con la manguera. Salía un chorro como una catarata.
Fue demasiado. Me puse rígido y empecé a temblar. No me podía controlar, aunque quería. Un papelón, que lo parió.
Cuando me mojó, me escapé. No llegué lejos.
Me ató con la correa a la reja chica del patio, y quedé indefenso. Dios mío.
Me empezó a hablar, y a enjabonar. Si se dio cuenta de que yo estaba nervioso, no se notó. Le dio para adelante sin pedir permiso. Y bueno, yo soy de la idea de que si no puedes vercerlos, únete a ellos, así que lo dejé hacer.
Fue demasiado. Me puse rígido y empecé a temblar. No me podía controlar, aunque quería. Un papelón, que lo parió.
Cuando me mojó, me escapé. No llegué lejos.
Me ató con la correa a la reja chica del patio, y quedé indefenso. Dios mío.
Me empezó a hablar, y a enjabonar. Si se dio cuenta de que yo estaba nervioso, no se notó. Le dio para adelante sin pedir permiso. Y bueno, yo soy de la idea de que si no puedes vercerlos, únete a ellos, así que lo dejé hacer.
Después me enjuagó.
Me sacudí para secarme. Salí corriendo, todo mojado sobre el piso mojado. Patiné y me dí un bruto porrazo, pero no me importó.
Me sacudí para secarme. Salí corriendo, todo mojado sobre el piso mojado. Patiné y me dí un bruto porrazo, pero no me importó.
Estaba fresco y limpio, y me puse contento.
sábado, 8 de mayo de 2010
Reglas
Dije ayer que me parecía muy mandón. Bueno, me afirmo en la idea. Yo estaba acostumbrado a la libertad: la única regla eran mis ganas. Podía hacer algo si estaba en condiciones de defender mis ganas con mis dientes. Pero este tipo no opina lo mismo. Por lo visto, tiene la curiosa teoría de que él me puede poner límites. ¡A mí! Es verdad que me trata bien, me dio afecto, un techo, comida y agua: un hogar. Eso le juega a favor, tengo que reconocer. Pero me pone reglas, y si las rompo me reta. No se enoja, pero ya he comprobado que no se da por vencido nunca, y al final me gana por cansancio. Yo soy perro, no tengo reloj ni agenda, y no le puedo decir a mi secretaria que me pase el asunto para mañana. Gano o pierdo en el momento. Y siempre me gana.
Por ejemplo, no me deja que le salte y le ponga las patas en la ropa. Quién entiende a los humanos. O sea que él me puede tocar todo lo que quiera, pero yo no puedo. Mal, muy mal. Tampoco me deja abalanzarme sobre la comida. Me hace sentar y espera a que me quede quieto. Recién entonces me deja comer. ¿Qué gana con eso? No me deja rascar las puertas, ¿dónde se ha visto? No me deja rascar las puertas, qué mal. No me deja salir fuera de la reja, si no es con correa. ¿Quién se cree que es, quién se cree que soy?
Extraño la libertad que tenía en la calle. La calle misma no, la verdad es que no la extraño. Pero sí mi libertad.
No sé por qué digo todo esto. Casi me parece que es una cuestión filosófica. Alguien tiene que mandar, y él parece dispuesto a no bajarse de la candidatura. Si él fuera perro, yo se lo podría pelear, pero es humano, y no me nace morderlo (además, ya averigüé que tiene mucha fuerza y la mano pesada). Trae la comida y el agua. Me da un techo.
Así que acepto las reglas. No es que me guste, pero no me deja opción. Por lo menos estoy tranquilo, sé a qué atenerme.
Por ejemplo, me deja ladrar un poco a los perros que pasan. Pero si me obsesiono me hace callar. Y si no me callo sale y me obliga. Es que a veces me pongo loco y no atiendo razones. En realidad, cuando ladro sin límites me voy apasionando sin darme cuenta. No sé por qué pasa eso. Tal vez si estuviera suelto, en vez de ladrar iríamos a los dientes, gastaríamos la adrenalina, y nos quedaríamos tranquilos de nuevo. Sangrando, tal vez, pero tranquilos. En cambio, estoy detrás de la reja, y los otros perros pasan, y yo les ladro. Y como estaba diciendo, cuando ladro sin límites me pongo loco, y cuando al final los perros de la calle se van yo me quedo, y me quedo loco. Después me trepo por las paredes, corro sin ton ni son, no puedo parar. Y es que realmente me quedo alterado. Así que en realidad no me conviene ladrar hasta la sobredosis, por mucho que me guste.
Tal vez no sea tan malo tener algunas reglas, después de todo.
Por ejemplo, no me deja que le salte y le ponga las patas en la ropa. Quién entiende a los humanos. O sea que él me puede tocar todo lo que quiera, pero yo no puedo. Mal, muy mal. Tampoco me deja abalanzarme sobre la comida. Me hace sentar y espera a que me quede quieto. Recién entonces me deja comer. ¿Qué gana con eso? No me deja rascar las puertas, ¿dónde se ha visto? No me deja rascar las puertas, qué mal. No me deja salir fuera de la reja, si no es con correa. ¿Quién se cree que es, quién se cree que soy?
Extraño la libertad que tenía en la calle. La calle misma no, la verdad es que no la extraño. Pero sí mi libertad.
No sé por qué digo todo esto. Casi me parece que es una cuestión filosófica. Alguien tiene que mandar, y él parece dispuesto a no bajarse de la candidatura. Si él fuera perro, yo se lo podría pelear, pero es humano, y no me nace morderlo (además, ya averigüé que tiene mucha fuerza y la mano pesada). Trae la comida y el agua. Me da un techo.
Así que acepto las reglas. No es que me guste, pero no me deja opción. Por lo menos estoy tranquilo, sé a qué atenerme.
Por ejemplo, me deja ladrar un poco a los perros que pasan. Pero si me obsesiono me hace callar. Y si no me callo sale y me obliga. Es que a veces me pongo loco y no atiendo razones. En realidad, cuando ladro sin límites me voy apasionando sin darme cuenta. No sé por qué pasa eso. Tal vez si estuviera suelto, en vez de ladrar iríamos a los dientes, gastaríamos la adrenalina, y nos quedaríamos tranquilos de nuevo. Sangrando, tal vez, pero tranquilos. En cambio, estoy detrás de la reja, y los otros perros pasan, y yo les ladro. Y como estaba diciendo, cuando ladro sin límites me pongo loco, y cuando al final los perros de la calle se van yo me quedo, y me quedo loco. Después me trepo por las paredes, corro sin ton ni son, no puedo parar. Y es que realmente me quedo alterado. Así que en realidad no me conviene ladrar hasta la sobredosis, por mucho que me guste.
Tal vez no sea tan malo tener algunas reglas, después de todo.
viernes, 7 de mayo de 2010
Solo
Dormí muy mal. Macu y mi dueño también. Todos nerviosos. Todos alterados.
A la mañana vino una chica. Macu empezó a ladrar y se puso contento. Me puse a escuchar y averigüé que era la dueña anterior. Lo subió al auto y se lo llevó.
Me quedé yo solo. Más vale así. Si no, uno de los dos iba a morir. Somos perros, somos machos alfa. Los humanos se hacen problemas con esto. Pero no hay sentimientos, ni emociones, ni culpa. Lo tenemos en los genes, y ya está. Uno manda y los demás siguen. Si dos quieren mandar, solo hay una solución.
Así que ahora tengo toda la casa para mí. Los dos patios y la cochera. No hay problemas, pero me aburro un poco. La reja del frente es grande, y yo miro a los que pasan. Si es gente la ignoro, si son perros les ladro.
Me tratan muy bien, estoy engordando y tengo el pelo brillante de nuevo. He crecido bastante. A veces me dejan entrar y miramos la televisión juntos. De vez en cuando leo un diario, pero a estos tampoco les gusta que lea, así que me tengo que apurar: ni bien lo tiran por la reja, ya estoy yo.
Me vino a visitar la señora rubia, y a buscar el collarcito verde. Se acercó a la reja, y yo al principio no la reconocí. Me agarró desprevenido, porque nadie me había avisado. Pero cuando me habló la reconocí. Tuvo un poco de miedo, y dijo que estoy muy grande y muy lindo. Ella es buena y me quiere. Mi dueño también me quiere, pero me está pareciendo que es muy mandón.
A la mañana vino una chica. Macu empezó a ladrar y se puso contento. Me puse a escuchar y averigüé que era la dueña anterior. Lo subió al auto y se lo llevó.
Me quedé yo solo. Más vale así. Si no, uno de los dos iba a morir. Somos perros, somos machos alfa. Los humanos se hacen problemas con esto. Pero no hay sentimientos, ni emociones, ni culpa. Lo tenemos en los genes, y ya está. Uno manda y los demás siguen. Si dos quieren mandar, solo hay una solución.
Así que ahora tengo toda la casa para mí. Los dos patios y la cochera. No hay problemas, pero me aburro un poco. La reja del frente es grande, y yo miro a los que pasan. Si es gente la ignoro, si son perros les ladro.
Me tratan muy bien, estoy engordando y tengo el pelo brillante de nuevo. He crecido bastante. A veces me dejan entrar y miramos la televisión juntos. De vez en cuando leo un diario, pero a estos tampoco les gusta que lea, así que me tengo que apurar: ni bien lo tiran por la reja, ya estoy yo.
Me vino a visitar la señora rubia, y a buscar el collarcito verde. Se acercó a la reja, y yo al principio no la reconocí. Me agarró desprevenido, porque nadie me había avisado. Pero cuando me habló la reconocí. Tuvo un poco de miedo, y dijo que estoy muy grande y muy lindo. Ella es buena y me quiere. Mi dueño también me quiere, pero me está pareciendo que es muy mandón.
miércoles, 5 de mayo de 2010
El cuñado
Estuvieron hablando de que el fin de semana vendría el cuñado. O sea el hermano de ella, que vive en Chovet. El quería que el cuñado lo ayude a arreglar la cuestión con Macu. No sé qué cuestión es la que quieren arreglar, ni por qué tendrían que arreglarla ellos, pero los humanos no entienden nada de nada.
Vino. Nos ataron a Macu y a mí con las correas, cerca pero sin podernos morder. Nos pusimos locos. Los dos ladrábamos y tirábamos de la correa, las mujeres chillaban como locas, y ellos nos daban con una ojota y gritaban no, no, quieto, quieto. Un circo, una batahola. Un verdadero desperdicio de adrenalina. Quedamos todos alterados.
Pero no todo fueron males. Cuando se asentó la polvareda se pusieron a hacer un asado. Mientras, hablaban sobre lo que había pasado. Dijeron que no había servido para nada. Unos bochos. Me podrían haber preguntado a mí, y nos habríamos ahorrado todos el stress. Ligué varias grasitas. Me quemé el hocico por ansioso, pero ya aprendí. Después empezaron a llegar las costillas. Me fascinan las costillas: primero las pelo, después las mastico, y al final me las trago.
Son las tres de la mañana y no me puedo dormir. Mi dueño tampoco: se levantó como diez veces, me doy cuenta porque prende la luz. Todavía no entiendo. Lo único que yo quería era pelear con Macu y aclarar quién es el macho alfa (o sea, yo). ¿Es mucho pedir que nos dejen arreglar nuestras cuestiones entre nosotros?
El instinto me dice que algo va a pasar. Lo huelo en el aire. Aparentemente está todo tranquilo, pero hay electricidad en el ambiente. Estoy nervioso. ¿Me quedaré de nuevo sin familia? ¿Me van a devolver al refugio? ¿Se habrán enojado conmigo? Yo no me pude contener, fue todo tan de improviso que casi no me di cuenta de nada.
No tengo sueño. Me acuerdo de la señora rubia. Ella me va a salvar. Me gustaría hablarlo a Dios, pero sigo sin saber cómo lo hacen ellos. En momentos así envidio a los humanos.
Vino. Nos ataron a Macu y a mí con las correas, cerca pero sin podernos morder. Nos pusimos locos. Los dos ladrábamos y tirábamos de la correa, las mujeres chillaban como locas, y ellos nos daban con una ojota y gritaban no, no, quieto, quieto. Un circo, una batahola. Un verdadero desperdicio de adrenalina. Quedamos todos alterados.
Pero no todo fueron males. Cuando se asentó la polvareda se pusieron a hacer un asado. Mientras, hablaban sobre lo que había pasado. Dijeron que no había servido para nada. Unos bochos. Me podrían haber preguntado a mí, y nos habríamos ahorrado todos el stress. Ligué varias grasitas. Me quemé el hocico por ansioso, pero ya aprendí. Después empezaron a llegar las costillas. Me fascinan las costillas: primero las pelo, después las mastico, y al final me las trago.
Son las tres de la mañana y no me puedo dormir. Mi dueño tampoco: se levantó como diez veces, me doy cuenta porque prende la luz. Todavía no entiendo. Lo único que yo quería era pelear con Macu y aclarar quién es el macho alfa (o sea, yo). ¿Es mucho pedir que nos dejen arreglar nuestras cuestiones entre nosotros?
El instinto me dice que algo va a pasar. Lo huelo en el aire. Aparentemente está todo tranquilo, pero hay electricidad en el ambiente. Estoy nervioso. ¿Me quedaré de nuevo sin familia? ¿Me van a devolver al refugio? ¿Se habrán enojado conmigo? Yo no me pude contener, fue todo tan de improviso que casi no me di cuenta de nada.
No tengo sueño. Me acuerdo de la señora rubia. Ella me va a salvar. Me gustaría hablarlo a Dios, pero sigo sin saber cómo lo hacen ellos. En momentos así envidio a los humanos.
martes, 4 de mayo de 2010
Una pelea
Como ya dije, Macu y yo estamos en patios diferentes, nos olemos, pero no nos vemos. Bueno, no nos veíamos. Ayer, en un descuido de mi nuevo dueño, quedaron abiertas las puertas de la cochera. Y pasó lo que tenía que pasar. Macu y yo nos trenzamos. No hay dos machos alfa a la vez en el mismo territorio. Y nos agarramos. Como corresponde. Sin vueltas, sin ladridos, sin hojarasca: nos vimos y fuimos derecho a matar o morir.
Pero a mi nuevo dueño no le gustó, y se ocupó de dejarlo claro. Nos agarró del collar y nos levantó a los dos. Nos levantó como muñecos. Yo lo único que veía era el cuello de Macu, y estaba eligiendo el lugar para morderlo. Estábamos sacados. Pero el tipo tiene mucha fuerza, y por poco nos arranca la cabeza. Al rato vino ella, y nos separaron.
El me revisó. Me salía sangre. No me había dado cuenta. Yo peso menos de 30 kilos, y Macu más de 50 (es cruza de pastor alemán con sabueso) pero si no me lo quitan lo mato. Aunque a él no le salía sangre. Bueno, esta vez tuvo suerte. Pero si lo agarro de nuevo me lo como.
Después la gente le decía que no se meta en una pelea de perros, que lo podíamos morder. No sé a Macu, pero a mí ni se me pasó por la cabeza. La cosa era con Macu. Nunca he mordido a mis dueños, no me explico que algún perro ataque a su dueño, tiene que estar muy loco. Es una cuestión de principios. Además, después de lo de ayer, ya sé que tiene la mano pesada, así que mejor no hacerse el loco.
Pero a mi nuevo dueño no le gustó, y se ocupó de dejarlo claro. Nos agarró del collar y nos levantó a los dos. Nos levantó como muñecos. Yo lo único que veía era el cuello de Macu, y estaba eligiendo el lugar para morderlo. Estábamos sacados. Pero el tipo tiene mucha fuerza, y por poco nos arranca la cabeza. Al rato vino ella, y nos separaron.
El me revisó. Me salía sangre. No me había dado cuenta. Yo peso menos de 30 kilos, y Macu más de 50 (es cruza de pastor alemán con sabueso) pero si no me lo quitan lo mato. Aunque a él no le salía sangre. Bueno, esta vez tuvo suerte. Pero si lo agarro de nuevo me lo como.
Después la gente le decía que no se meta en una pelea de perros, que lo podíamos morder. No sé a Macu, pero a mí ni se me pasó por la cabeza. La cosa era con Macu. Nunca he mordido a mis dueños, no me explico que algún perro ataque a su dueño, tiene que estar muy loco. Es una cuestión de principios. Además, después de lo de ayer, ya sé que tiene la mano pesada, así que mejor no hacerse el loco.
sábado, 1 de mayo de 2010
Un día para el olvido
Hoy estuve todo el día echado, durmiendo o descansando. Dicen mis nuevos dueños que debe ser por las vacunas que me pusieron ayer. Parece que también me desparasitaron, como si fuera poco con las vacunas.
Mi nuevo dueño dice que deberían desparasitar el país, pero no explicó cómo se hace eso.
Según él, Macu es "el anti perro guardián", porque cuando vienen extraños o pasan por delante de la casa, él les hace fiestas a todos. Y cuando ladra, en realidad ladra para adentro de la casa, porque lo único que quiere es que mi dueño lo vaya a acariciar. A veces ladra toda la noche. Es imbancable. Y ladra porque sí. Ladra porque quiere estar dentro de la casa.
También dice que yo tengo el manual del perro guardián en los genes. Yo hago lo que me sale, no es que haya estudiado. No ladro casi nunca. Solo cuando un extraño se acerca a la reja. Cuando viene mi dueño dejo de ladrar, pero me quedo mirando fijo, no es cuestión. Cuando veo que está todo bien, me acerco para oler al extraño, así lo conozco y otra vez ya sé qué hacer.
Macu sigue ladrando. Me está taladrando, je je. Hice un chistonto, como dice mi nueva dueña.
Mi nuevo dueño dice que deberían desparasitar el país, pero no explicó cómo se hace eso.
Según él, Macu es "el anti perro guardián", porque cuando vienen extraños o pasan por delante de la casa, él les hace fiestas a todos. Y cuando ladra, en realidad ladra para adentro de la casa, porque lo único que quiere es que mi dueño lo vaya a acariciar. A veces ladra toda la noche. Es imbancable. Y ladra porque sí. Ladra porque quiere estar dentro de la casa.
También dice que yo tengo el manual del perro guardián en los genes. Yo hago lo que me sale, no es que haya estudiado. No ladro casi nunca. Solo cuando un extraño se acerca a la reja. Cuando viene mi dueño dejo de ladrar, pero me quedo mirando fijo, no es cuestión. Cuando veo que está todo bien, me acerco para oler al extraño, así lo conozco y otra vez ya sé qué hacer.
Macu sigue ladrando. Me está taladrando, je je. Hice un chistonto, como dice mi nueva dueña.
viernes, 30 de abril de 2010
Un veterinario decente
Ayer me llevaron al veterinario. Gran tipo. El veterinario y Dante. Dante es el de fletes Dante. Tiene una chata y hace fletes. Es un gran tipo, debe pesar como 130 kilos, sin llavero. Fuimos en la chata de Dante. Yo me senté adelante, con mi nuevo dueño. Con el collarcito verde. Dante quiere mucho a los perros, y tiene un labrador, si no entendí malen el veterinario sucedió algo que quiero blanquear, para cortar de raíz cualquier versión deformada de los hechos. Estábamos esperando, hacía mucho tiempo que no hacía pis, y había tomado agua. Así que hice pis. No es como algunos dijeron, que estaba nervioso, y me oriné de miedo. Pero por favor, miedo yo
eso, dijo que era un labrador. El veterinario es muy cariñoso. Me trató muy bien, me habló todo el tiempo y me miró por todas partes. Qué costumbre tienen los veterinarios de mirarte por todas partes: dientes, orejas, dentro de las orejas, ojos, axilas, entrepiernas, pito, culo, en fin, para qué ser exhaustivo... es molesto. Me hicieron tomar unas pastillas. Me resistí como pude, pero ellos eran dos contra uno, y al final tragué. Después me pinchó, el hijo de puta, me agarró desprevenido. Cómo lloré. Pensándolo bien, no me dolió. Me parece que era algo desconocido, me asusté y por eso lloré.
Mi nuevo dueño es muy cariñoso. No me tiene miedo. Yo nunca he amagado morderlo, porque no está en mí. Pero si lo quisiera morder, le saco un pedazo. Me compró un collar nuevo, de cuero, grueso, con argollas de acero soldado. Un collar para machos, y no el collarcito verde maricón que tenía puesto. También compró champú y dice que me va a bañar. Esto me trae malos recuerdos. Nunca supe por qué, pero no me gustaba que me bañen, me escapaba y me tenían que atar. Qué garrón. Pero los perros vivimos en el presente, no lloramos el pasado ni nos hacemos problemas a cuenta del futuro.
jueves, 29 de abril de 2010
Veremos
La cosa pinta bien, pero no me quiero apurar. Veremos.
Se llama Macu, y está en el patio de atrás. Yo estoy en el patio delantero. Tiene rejas y da a la calle. Yo sé que Macu está allá, y él sabe que yo estoy acá. Pero hay dos puertas cerradas con llave que nos separan, así que no nos vemos.
La comida es buena, el agua también. Me tratan bien. El es muy cariñoso, pero ella mantiene la distancia. Me parece que sigue triste por Félix. Apenas tenga oportunidad voy a hablar con ella sobre eso. Los humanos hablan de algo que llaman "pasado". No sé qué es, porque no es algo que realmente exista. Los perros hablamos solo del presente, que es lo que verdaderamente existe. Y esa cosa inexistente que llaman pasado, parece que es la causa de muchos sufrimientos y tristezas. Yo no lo entiendo, pero ellos son así.
Hoy apareció la señora rubia, para ver cómo estaba. La saludé con mucha alegría, porque esta gente es toda nueva para mí, y a ella la conozco desde hace meses.
Después llamó el flaco y habló con la esposa
tengo mucho tiempo libre, ahora que no tengo que cazar mi comida. Entonces pienso mucho. Y atando cabos, haciendo memoria, me vino a la cabeza que cuando me fueron a buscar, al flaco le dijeron que venía mi dueño. Mi dueño. Pero estos no son mis dueños. Acá hay gato encerrado, pero como tengo mucho tiempo, voy a seguir pensando
con la esposa. El flaco le dijo "¿Así que se fueron de vacaciones, y el perro se escapó y por eso pasaron dos meses sin buscarlo?" La esposa se abatató, no entiendo por qué, si es una pregunta muy sencilla. Debe ser una equivocación. Pero quién entiende a los humanos. El flaco preguntó mi nombre, y ella le dijo "Atilio, se llama Atilio". Atilio. ¡Atilio!. Qué lo parió. ¿De dónde sacó ese nombre? Debe ser de algún almanaque de santos, seguramente. Me parece que el flaco sospecha que estos no son mis dueños. Bueno, al final, el flaco le hizo prometer que le van a dar un cachorrito mío. ¡Un cachorrito mío! ¿Y de dónde voy a sacar yo un cachorrito? ¿Para qué mierda prometen cosas en mi nombre? Si estuviera mi madre le podría preguntar dónde se consiguen los cachorritos. Yo no tengo la menor idea, pero ella la tenía muy clara. Me acuerdo de que la gente comentaba que mi mamá tenía mucho talento para conseguir cachorritos.
Cachorritos... pero por favor!
miércoles, 28 de abril de 2010
Sorpresa
Apareció de nuevo, en moto con su hija. Traía el collar verde y la correa. El corazón se me salió por la boca. No dije nada, pero casi me muero. Me temblaban las piernas. Tal vez la diarrea tenía que ver, no sé.
Habló unas palabras con el flaco. Le dijo que había aparecido mi dueño.
¡Mi dueño! ¡Mi familia! Creo que me desmayé.
Lo siguiente que recuerdo es que me llevaba de la correa. Caminamos como dos o tres cuadras. Apareció un tipo grandote, que la saludó y agarró la correa.
No era mi dueño. Era el tipo que me fue a ver con su mujer al refugio, y después no me quisieron. ¿Y ahora qué? ¿A qué vienen de nuevo?
No dije nada, sobre todo porque apenas agarró la correa me dí cuenta de que el tipo está acostumbrado a mandar.
Hablaron un rato, y él me acariciaba. Me cayó bien, pero yo estaba muy nervioso. Mi familia no aparecía. Otro dolor, otra puñalada.
Me subió a un auto, y ellas se fueron. Detrás de ellas, arrancó él. Me había bajado mi ventana, hacía mucho calor. Anduvo media cuadra, dobló a la derecha en la esquina. Y yo salté por la ventana.
Me vi libre, corriendo por el campo, con el collar verde.
Pero me encontré colgando. Colgando del collar. Verde. El guacho había atado la correa adentro del auto. No se enojó. No dijo nada. Frenó. Se bajó. Me alzó con cuidado. Me metió en el auto de nuevo.
Y esta vez cerró la ventana.
martes, 27 de abril de 2010
Cargosa
¡Visitas! Vino ella con su hija, en moto. Les ladraron todos los perros del país. Yo no. Primero porque yo no ladro a las motos. Y además, a ella la quiero.
Habló con el flaco, metió la nariz por todas partes, y estuvo cargosa como siempre
lo llamó a Dios varias veces, pero no sé para qué
todavía no consigo averiguar cómo lo hace, no usó el celular, a pesar de que lo usa todo el tiempo
como siempre. Estuvo un rato. Preguntó. Miró. No dijo nada, pero yo la conozco y sé que algo no le gustó
habló conmigo, ya saben, las cosas que se dicen por buena educación. Yo la quise llevar aparte para decirle lo que me pasa, pero el flaco estaba encima todo el tiempo, y no pude. De todos modos ella es una luz, y creo que se dio cuenta de todo. Espero.
Habló con el flaco, metió la nariz por todas partes, y estuvo cargosa como siempre
lo llamó a Dios varias veces, pero no sé para qué
todavía no consigo averiguar cómo lo hace, no usó el celular, a pesar de que lo usa todo el tiempo
como siempre. Estuvo un rato. Preguntó. Miró. No dijo nada, pero yo la conozco y sé que algo no le gustó
habló conmigo, ya saben, las cosas que se dicen por buena educación. Yo la quise llevar aparte para decirle lo que me pasa, pero el flaco estaba encima todo el tiempo, y no pude. De todos modos ella es una luz, y creo que se dio cuenta de todo. Espero.
El flaco es bueno, pero yo estoy cada vez más enfermo. No sé qué podrá hacer ella, pero soy optimista. Me basta un hueso para mover la cola. ¿Un hueso, dije? Ya ni me acuerdo de la forma de un hueso, tanto hace que no veo uno.
lunes, 26 de abril de 2010
Qué lo parió, Mendieta
Estoy con mi nuevo dueño, el flaco. Es muy bueno. Me quiere y juega conmigo.
Solo que yo soy un rottweiler, y necesito comer mucho. Y la situación no es muy buena. No quiero decir nada, porque también hay otros perros y se la bancan callados. Unos galgos, flacos como el Quijote. Estoy aprendiendo a cazar ratones, y cualquier bicho que aparezca. Lo que sea, con tal de comer. Pero no vamos bien. Estoy en los huesos, se me cuentan las costillas. Tengo diarrea, una diarrea que no se me pasa. Y tengo sarna, lo que me faltaba. Me pica como loco. Y para colmo me pican los ojos. No veo muy bien. Y no me pueden llevar al veterinario. No se lo voy a echar en cara, porque realmente no tienen plata.
Qué lo parió, Mendieta. Le agradezco al flaco lo que me quiere. Le agradezco que me haya dado un hogar y una familia. Pero me muero de hambre. Y de sarna. No sé qué hacer.
Yo soy un perro y orgulloso de ser perro. Los humanos me caen bien, aunque no los envidio. Nunca quise ser humano, pero ahora sí. Me gustaría ser humano para rezar, porque no sé qué hacer, y el agua me llega al cuello.
Si estuviera la señora rubia, ella diría Dios mío, y las cosas se arreglarían. Pero ella no está, ella también se olvidó de mí. Yo lo hablaría a Dios, pero no sé cómo hacen ellos. No sé qué hacer.
Qué lo parió, Mendieta.
Solo que yo soy un rottweiler, y necesito comer mucho. Y la situación no es muy buena. No quiero decir nada, porque también hay otros perros y se la bancan callados. Unos galgos, flacos como el Quijote. Estoy aprendiendo a cazar ratones, y cualquier bicho que aparezca. Lo que sea, con tal de comer. Pero no vamos bien. Estoy en los huesos, se me cuentan las costillas. Tengo diarrea, una diarrea que no se me pasa. Y tengo sarna, lo que me faltaba. Me pica como loco. Y para colmo me pican los ojos. No veo muy bien. Y no me pueden llevar al veterinario. No se lo voy a echar en cara, porque realmente no tienen plata.
Qué lo parió, Mendieta. Le agradezco al flaco lo que me quiere. Le agradezco que me haya dado un hogar y una familia. Pero me muero de hambre. Y de sarna. No sé qué hacer.
Yo soy un perro y orgulloso de ser perro. Los humanos me caen bien, aunque no los envidio. Nunca quise ser humano, pero ahora sí. Me gustaría ser humano para rezar, porque no sé qué hacer, y el agua me llega al cuello.
Si estuviera la señora rubia, ella diría Dios mío, y las cosas se arreglarían. Pero ella no está, ella también se olvidó de mí. Yo lo hablaría a Dios, pero no sé cómo hacen ellos. No sé qué hacer.
Qué lo parió, Mendieta.
viernes, 23 de abril de 2010
Una solución
A la mañana vino un flaco preguntando por el cachorro cruza de rottweiler. Dale con cruza. Lo trajeron a mi canil, y estuvo un rato. Yo aproveché para semblantearlo. No me cayó ni bien ni mal. Neutro. Parece que me quiere llevar.
A la tarde la señora rubia y el amargo discutieron. El tema fue el flaco. El amargo insiste con que es una solución, que ya van como dos meses, etc. La señora dice que no está convencida. Se lamentó del matrimonio aquel que me vino a ver, pero admitió que no los puede convencer. Al final, quedaron en que me vaya con el chico.
Es como digo yo, el tipo lo único que quiere es cobrar su sueldo y sacarse de encima a los perros. Hace su trabajo, pero no nos quiere de verdad. Ella sí nos quiere. Es medio monotemática y cargosa, pero yo se lo perdono porque nos quiere. Ella me aseguró que me va a visitar para ver que todo marche bien.
Mis amigos me dicen que me calme, que no me haga la cabeza. Pero yo ya estoy nervioso. Al mismo tiempo tengo dudas y esperanzas. Se me ha hecho eterno el tiempo en el refugio.
Había prometido no ilusionarme de nuevo, pero me hago una ilusión loca. No veo las horas de que me vengan a buscar.
A la tarde la señora rubia y el amargo discutieron. El tema fue el flaco. El amargo insiste con que es una solución, que ya van como dos meses, etc. La señora dice que no está convencida. Se lamentó del matrimonio aquel que me vino a ver, pero admitió que no los puede convencer. Al final, quedaron en que me vaya con el chico.
Es como digo yo, el tipo lo único que quiere es cobrar su sueldo y sacarse de encima a los perros. Hace su trabajo, pero no nos quiere de verdad. Ella sí nos quiere. Es medio monotemática y cargosa, pero yo se lo perdono porque nos quiere. Ella me aseguró que me va a visitar para ver que todo marche bien.
Mis amigos me dicen que me calme, que no me haga la cabeza. Pero yo ya estoy nervioso. Al mismo tiempo tengo dudas y esperanzas. Se me ha hecho eterno el tiempo en el refugio.
Había prometido no ilusionarme de nuevo, pero me hago una ilusión loca. No veo las horas de que me vengan a buscar.
En una de esas resulta que es una solución.
miércoles, 21 de abril de 2010
Desilusiones
Mis amigos tienen razón. Mi familia se olvidó de mí. Yo los perdono. Si los vuelvo a ver me voy a emocionar, voy a llorar y ladrar y saltar y hacerles fiestas: soy un perro, soy fiel. Pero la verdad es que ellos se olvidaron de mí. Es una desilusión.
Hoy me vino a ver un matrimonio. El me quería llevar, se notaba que me quería llevar. Pero ella no. Ella hablaba todo el tiempo de un tal Félix. Y estaba triste. Me dio envidia. Envidia y tristeza. Ella lloraba por Félix, y en cambio mi familia se olvidó de mí. Ya sé quienes son, ahora me doy cuenta. Félix se perdió hace tiempo, yo ví los avisos en la tele y en el diario. Y claro, ahora relaciono, también ví un montón de carteles con la foto de Félix en almacenes y kioscos, cuando andaba perdido por ahí. Esto me puso triste, por la envidia. Pero enseguida me alegré pensando que me llevarían.
Para qué. Para qué me hice ilusiones. Al final se fueron. No me llevaron.
Los 300 de siempre que ladran como demonios.
Las pulgas.
La sarna.
La comida fea.
El agua con bichos, caliente porque los bebederos están al sol.
No me importa nada.
No me doy cuenta de nada.
Se me nublan los ojos.
Me había hecho tantas ilusiones.
Hoy me vino a ver un matrimonio. El me quería llevar, se notaba que me quería llevar. Pero ella no. Ella hablaba todo el tiempo de un tal Félix. Y estaba triste. Me dio envidia. Envidia y tristeza. Ella lloraba por Félix, y en cambio mi familia se olvidó de mí. Ya sé quienes son, ahora me doy cuenta. Félix se perdió hace tiempo, yo ví los avisos en la tele y en el diario. Y claro, ahora relaciono, también ví un montón de carteles con la foto de Félix en almacenes y kioscos, cuando andaba perdido por ahí. Esto me puso triste, por la envidia. Pero enseguida me alegré pensando que me llevarían.
Para qué. Para qué me hice ilusiones. Al final se fueron. No me llevaron.
Los 300 de siempre que ladran como demonios.
Las pulgas.
La sarna.
La comida fea.
El agua con bichos, caliente porque los bebederos están al sol.
No me importa nada.
No me doy cuenta de nada.
Se me nublan los ojos.
Me había hecho tantas ilusiones.
martes, 20 de abril de 2010
Hace más de un mes que estoy aquí
Hace más de un mes que estoy aquí. Cómo pasa el tiempo, Dios mío.
Yo aprendí a decir "Dios mío" de la señora rubia. Parece que los humanos tienen un amigo que se llama Dios, y le hablan con cualquier excusa. Lo que todavía no descubrí es cómo hacen: no es teléfono, ni celular, ni email, ni sms. Parece que ese Dios tiene una quinta que se llama Cielo, y muchos quieren ir, aunque hay otros que dicen que no les importa.
¿A Dios le gustarán los perros? ¿Me van a llevar a mí también o me van a dejar en el patio? ¿Habrá huesos? ¿Y otros perros para jugar?
El refugio no es el Cielo. Hay cosas buenas, pero yo estoy triste. Una de las cosas buenas son los amigos. Me hice un par de amigos, que hace mucho que están aquí y la tienen reclara. Ellos me dijeron que no me haga ilusiones, que ya pasó más de un mes, y que mi familia se olvidó de mí. ¿Cómo pudieron olvidarse? Que me olvide de ellos. ¿Cómo voy a poder? Estoy como anestesiado.
Hace más de un mes que estoy aquí. Me aburro mucho. En mi casa leía el diario. El diario, las revistas, los folletos, todo lo que tiraban por la reja. A mi familia no le gustaba que leyera el diario. Decían que yo rompía todo. No es por disculparme, pero es algo que me agarra y no puedo parar: lo leo y después lo rompo en pedacitos. Cómo me gusta leer. Pero no tengo nada para leer. Ni tengo internet ni TV por cable.
Pero no estoy triste por eso. Yo sé lo que me pasa, por qué estoy así. Ya se me va a pasar.
Pero hace más de un mes que estoy aquí.
Yo aprendí a decir "Dios mío" de la señora rubia. Parece que los humanos tienen un amigo que se llama Dios, y le hablan con cualquier excusa. Lo que todavía no descubrí es cómo hacen: no es teléfono, ni celular, ni email, ni sms. Parece que ese Dios tiene una quinta que se llama Cielo, y muchos quieren ir, aunque hay otros que dicen que no les importa.
¿A Dios le gustarán los perros? ¿Me van a llevar a mí también o me van a dejar en el patio? ¿Habrá huesos? ¿Y otros perros para jugar?
El refugio no es el Cielo. Hay cosas buenas, pero yo estoy triste. Una de las cosas buenas son los amigos. Me hice un par de amigos, que hace mucho que están aquí y la tienen reclara. Ellos me dijeron que no me haga ilusiones, que ya pasó más de un mes, y que mi familia se olvidó de mí. ¿Cómo pudieron olvidarse? Que me olvide de ellos. ¿Cómo voy a poder? Estoy como anestesiado.
Hace más de un mes que estoy aquí. Me aburro mucho. En mi casa leía el diario. El diario, las revistas, los folletos, todo lo que tiraban por la reja. A mi familia no le gustaba que leyera el diario. Decían que yo rompía todo. No es por disculparme, pero es algo que me agarra y no puedo parar: lo leo y después lo rompo en pedacitos. Cómo me gusta leer. Pero no tengo nada para leer. Ni tengo internet ni TV por cable.
Pero no estoy triste por eso. Yo sé lo que me pasa, por qué estoy así. Ya se me va a pasar.
Pero hace más de un mes que estoy aquí.
domingo, 18 de abril de 2010
Se me está haciendo largo
Acá no tenemos TV por cable, pero sigo leyendo el diario cuando lo traen, que no es todos los días. La señora rubia publicó un aviso ("encontrado cachorro cruza de rottweiler...", dale con la cruza, pero a ella se lo perdono). Hasta pusieron mi foto en internet, porque el refugio tiene página web. Hablo por comentarios, porque acá no tenemos internet. Pero en mi familia sí tenemos internet, y notebook y todo eso. Ojalá mi familia lo lea y me venga a buscar.
La comida no es muy rica, pero es sana y suficiente. Hay pulgas, a pesar de que fumigan de vez en cuando. Pulgas y sarna. Muchos tienen sarna. Yo nunca tuve, pero tengo miedo de contagiarme, porque estamos todo el día juntos.
Somos más de 400, así que solo no estoy. No estoy solo, pero no es lo mismo. Quiero decir, no es lo mismo que mi familia. Yo no lo puedo explicar, pero no es cuestión de cantidad. Yo soy perro, y me gusta estar con otros perros. Pero con mi familia es otra cosa. No lo puedo explicar. Lo que siento cuando se van y me dejan solo, lo que siento cuando vuelven y oigo la bocina del auto... corro a la puerta, me trepo a la reja, me vuelvo loco de alegría, lloro, ladro, muevo la cola (bueno, el pedacito de cola que me dejaron). No quiero seguir porque me estoy poniendo triste, me atacó la nostalgia de nuevo.
¿Cuándo me van a encontrar? Se me está haciendo largo.
La comida no es muy rica, pero es sana y suficiente. Hay pulgas, a pesar de que fumigan de vez en cuando. Pulgas y sarna. Muchos tienen sarna. Yo nunca tuve, pero tengo miedo de contagiarme, porque estamos todo el día juntos.
Somos más de 400, así que solo no estoy. No estoy solo, pero no es lo mismo. Quiero decir, no es lo mismo que mi familia. Yo no lo puedo explicar, pero no es cuestión de cantidad. Yo soy perro, y me gusta estar con otros perros. Pero con mi familia es otra cosa. No lo puedo explicar. Lo que siento cuando se van y me dejan solo, lo que siento cuando vuelven y oigo la bocina del auto... corro a la puerta, me trepo a la reja, me vuelvo loco de alegría, lloro, ladro, muevo la cola (bueno, el pedacito de cola que me dejaron). No quiero seguir porque me estoy poniendo triste, me atacó la nostalgia de nuevo.
¿Cuándo me van a encontrar? Se me está haciendo largo.
sábado, 17 de abril de 2010
El refugio
Dormí mucho y bien. Me hacía tanta falta. Me desperté en la cochera, con los ruidos de la calle y la casa. Me puse contento. Pero no podía durar, era demasiado bueno para ser verdad. Esta mañana apareció una camioneta y me cargaron. Viajamos un rato a los tumbos, porque el camino era de tierra, y llegamos al refugio.
Yo estaba tranquilo, porque la señora rubia estaba ahí. Pero después se fue. Me dejó.
Yo estaba tranquilo, porque la señora rubia estaba ahí. Pero después se fue. Me dejó.
Somos más de 400. Cuando llegué se armó una de ladridos impresionante. Cada vez que pasa algo, ladran 300 de los 400. Yo no ladro. No está en mí. Debe ser la genética, como dice el veterinario.
El veterinario es un amargo. No me trató mal, pero había una frialdad, una distancia, como una pared de hielo. Me revisó, vio que estaba sano, y se desentendió de mí. Dijo que tengo un año, y que soy cruza de rottweiler con doberman. Dale con la cruza.
El veterinario es un amargo. No me trató mal, pero había una frialdad, una distancia, como una pared de hielo. Me revisó, vio que estaba sano, y se desentendió de mí. Dijo que tengo un año, y que soy cruza de rottweiler con doberman. Dale con la cruza.
En cambio el cuidador es un ídolo. Todos los perros lo quieren. Nos conoce a todos. Nos pone nombres pero no se los dice a nadie, son para él solo. Cuando alguno se va, se pone triste y contento a la vez. Los humanos son raros. El nos habla y nosotros le entendemos, no es como los otros humanos.
Me pusieron en un canil con algunos de los más bravos. Tuve que tranquilizar al peor, y después ya me dejaron tranquilo.
Me pusieron en un canil con algunos de los más bravos. Tuve que tranquilizar al peor, y después ya me dejaron tranquilo.
viernes, 16 de abril de 2010
Una luz
Ayer iba caminando, y una señora rubia me llamó. Me habló con cariño. No me tuvo miedo. Me tocó, y yo me alegré, hacía tanto que no tenía una alegría...
Se apagaron las luces. Ya no hay ruidos. Por fin una noche bajo techo, sin tener que estar todo el tiempo en guardia por si me atacan.
Comí bien. Tomé agua. Estoy seguro, pero tan solo... Extraño a mi familia, cómo los extraño... Ojalá fuera husky para aullar mi pena. Pero soy rottweiler. Lloré sin ruido, un rato largo. Me voy dormir. Seguramente voy a soñar con ellos.
Sacó un collar verde de la cartera y me lo puso. Me llevó de la correa hasta su casa. Bueno, después supe que era su casa. En ese momento estaba confundido, no entendía qué pasaba. Pero la señora era buena, no me tenía miedo, y yo me dejé llevar, contento de la novedad. Me dio agua y comida, y me dejó en la parte de adelante, en la cochera. Apenas llegamos supe que tiene dos perros, los olí. Ella le contó a su marido que me había encontrado, que se nota que soy un perro "de familia" y estoy perdido.
El marido dictaminó que soy rottweiler. En realidad no dijo rottweiler, sino cruza de rottweiler. No me gustó el tono. ¿Qué quiso decir con eso de "cruza"? El es gordo y pelado, y yo no lo critico. Me parece que él se banca el tema de los perros, pero en el fondo piensa que su mujer está medio chapita.
La señora es distinta, tiene más onda. Me habla a cada rato, me acaricia, y yo le lamo la mano. Trato de lamerle la cara y olfatearla, como a los otros perros, pero ella no me deja, no sé por qué. A mí me enseñó mi madre, ¿a ella su mamá no le enseñó a olfatear? Habla mucho por el celu. Estuve escuchando atentamente, y averigüé que tiene algo que ver con la Sociedad Protectora de Animales, y con un refugio. Hace un rato habló con el veterinario del refugio. No sé lo que es un veterinario, ni lo que es el refugio. Pero dijeron que mañana por la mañana. ¿Mañana por la mañana qué? Estoy nervioso, no sé lo que puede pasar.
Se apagaron las luces. Ya no hay ruidos. Por fin una noche bajo techo, sin tener que estar todo el tiempo en guardia por si me atacan.
Comí bien. Tomé agua. Estoy seguro, pero tan solo... Extraño a mi familia, cómo los extraño... Ojalá fuera husky para aullar mi pena. Pero soy rottweiler. Lloré sin ruido, un rato largo. Me voy dormir. Seguramente voy a soñar con ellos.
miércoles, 14 de abril de 2010
Bela
Estuve leyendo un diario viejo, para pasar el tiempo. Dice que a Maradona lo mordió su perra Bela
para mí que el nombre es Bella, en italiano, como un amigo de mi dueño que tiene una labradora que se llama Bianca, claro él es de familia italiana por los cuatro costados, y su mujer no se queda atrás, les pusieron a los hijos nombres de italianitos, y ahora me acuerdo que un vecino de mi dueño tiene una gran danesa que también se llama Bianca, qué casualidad, ahora que me fijo pero qué raro que se llame Bianca porque es blanca con manchas negras y entonces se tendría que llamar
¿en qué estaba?
bueno Bela o Bella, me da lo mismo. Lo mordió. Parece que estaba dormida y él la despertó, Bela se asustó y lo mordió
estaría soñando. Yo también sueño. Mi dueño dice que hay un refrán de la época de los romanos (¿qué serán los romanos?) et canis in somnis leporis vestigia latrat. Como yo no sé latín busqué en internet y dice que eso lo escribe Ennius citando a Homero (¿quién los conoce?). Quiere decir que el perro incluso en sueños le ladra al rastro de la liebre. Bueno, una vez yo estaba soñando que cazaba una liebre, la corría y la corría, y cuando salté para agarrarla me dí contra la pared. No pude comer por dos días, tanto me dolía el hocico
se asustó y lo mordió. Maradona la quería mandar al campo, pero lo convencieron de que fue un accidente y la indultó. Buen tipo este Maradona, ¿a qué se dedicará? digo, tanto escombro porque una perra mordió a un tipo, si pasa todo el tiempo. Vi la foto de Bela en el diario. Es una shar pei. No me gusta, está llena de arrugas, como cuando mi dueño tira la tohalla en el piso del baño.
¿y este Maradona quién será?
para mí que el nombre es Bella, en italiano, como un amigo de mi dueño que tiene una labradora que se llama Bianca, claro él es de familia italiana por los cuatro costados, y su mujer no se queda atrás, les pusieron a los hijos nombres de italianitos, y ahora me acuerdo que un vecino de mi dueño tiene una gran danesa que también se llama Bianca, qué casualidad, ahora que me fijo pero qué raro que se llame Bianca porque es blanca con manchas negras y entonces se tendría que llamar
¿en qué estaba?
bueno Bela o Bella, me da lo mismo. Lo mordió. Parece que estaba dormida y él la despertó, Bela se asustó y lo mordió
estaría soñando. Yo también sueño. Mi dueño dice que hay un refrán de la época de los romanos (¿qué serán los romanos?) et canis in somnis leporis vestigia latrat. Como yo no sé latín busqué en internet y dice que eso lo escribe Ennius citando a Homero (¿quién los conoce?). Quiere decir que el perro incluso en sueños le ladra al rastro de la liebre. Bueno, una vez yo estaba soñando que cazaba una liebre, la corría y la corría, y cuando salté para agarrarla me dí contra la pared. No pude comer por dos días, tanto me dolía el hocico
se asustó y lo mordió. Maradona la quería mandar al campo, pero lo convencieron de que fue un accidente y la indultó. Buen tipo este Maradona, ¿a qué se dedicará? digo, tanto escombro porque una perra mordió a un tipo, si pasa todo el tiempo. Vi la foto de Bela en el diario. Es una shar pei. No me gusta, está llena de arrugas, como cuando mi dueño tira la tohalla en el piso del baño.
¿y este Maradona quién será?
lunes, 12 de abril de 2010
En la calle
Es verano, así que no paso frío. Pero tengo hambre y sed. Tomo el agua de los charcos, y como de la basura. Estoy sucio y ya no tengo el pelo brillante. No me importa.
He peleado una cuantas veces. Yo soy tranquilo, pero hay otros perros que parecen locos. Si me atacan me defiendo. Ya tengo varias cicatrices y me voy fogueando. No me asusto de nada: eso es bueno. No me gustaría ser miedoso. Me dan pena esos perros que andan todo el día con la cola entre las patas.
La gente me tiene miedo. Cuando me ven venir se apartan. Las madres alzan a sus criaturas. No entiendo: yo quiero jugar, quiero que me mimen, quiero hacerles fiestas. Pero cuando me acerco se asustan. Qué triste estoy, qué triste.
Ayer iba paseando, y ví una manada como de diez perros. Y una perra. Me llamó la atención. Los que mandan siempre son los machos, y además se pelean todo el tiempo. Pero estos iban todos detrás de la única perra. Ella no le hacía caso a ninguno. Qué raro. Si estuviera mi madre le pediría que me explique todo esto. Pero no está.
Ayer iba paseando, y ví una manada como de diez perros. Y una perra. Me llamó la atención. Los que mandan siempre son los machos, y además se pelean todo el tiempo. Pero estos iban todos detrás de la única perra. Ella no le hacía caso a ninguno. Qué raro. Si estuviera mi madre le pediría que me explique todo esto. Pero no está.
miércoles, 31 de marzo de 2010
¿No me extrañan?
Todos estos días estuve leyendo en el diario los avisos de mascotas perdidas. En el cable local, después de medianoche también pasan estos avisos. Me voy a la terminal de ómnibus y miro la tele. Nada.
No puedo creer que no me estén buscando. ¿Me estaré fijando mal? No entiendo. ¿Por qué no me buscan? Yo los estoy buscando a ellos. ¿No me extrañan?
Yo sí los extraño. Extraño las caricias, los juegos, las vueltas a casa, los gritos de los chicos. Todo. Extraño cada detalle. Mi cucha, mi manta, mi plato. Mi familia. Sobre todo eso. Creo que lo que extraño es mi familia. ¿Se habrán ido de viaje? ¿Se habrán muerto?
Siempre me cuidaron bien, tengo el pelo brillante y no estoy flaco. No me gustan las vacunas, pero yo les perdono eso, y todo. También les perdono que me bañen, aunque me entre champú en los ojos.
¿No estarán enojados conmigo? Estuve pensando mucho, tratando de ver si los hice enojar. La verdad es que rompí unas cuantas cosas, pero así son los cachorros.
No puedo creer que no me estén buscando. ¿Me estaré fijando mal? No entiendo. ¿Por qué no me buscan? Yo los estoy buscando a ellos. ¿No me extrañan?
Yo sí los extraño. Extraño las caricias, los juegos, las vueltas a casa, los gritos de los chicos. Todo. Extraño cada detalle. Mi cucha, mi manta, mi plato. Mi familia. Sobre todo eso. Creo que lo que extraño es mi familia. ¿Se habrán ido de viaje? ¿Se habrán muerto?
Siempre me cuidaron bien, tengo el pelo brillante y no estoy flaco. No me gustan las vacunas, pero yo les perdono eso, y todo. También les perdono que me bañen, aunque me entre champú en los ojos.
¿No estarán enojados conmigo? Estuve pensando mucho, tratando de ver si los hice enojar. La verdad es que rompí unas cuantas cosas, pero así son los cachorros.
lunes, 29 de marzo de 2010
¿Cómo pudo sucederme a mí?
Estoy perdido. ¿Cómo pudo sucederme a mí? Yo había oído historias de perros perdidos, pero nunca pensé que me podía perder yo. Yo no.
He dado tantas vueltas... Buscando, buscando, corriendo detrás de cada persona que me parecía conocida, de cada auto que me parecía el de mis dueños. Lloré. Lloré un montón. Lloré de tristeza, de dolor, de soledad, de nostalgia y angustia. Pero sé que me van a buscar, y estoy seguro de que me van a encontrar.
sábado, 20 de marzo de 2010
Soy Atila
Soy Atila. Cruza de rottweiler y dobermann. Cuando tenía un año me perdí. Pasé dos meses en la calle y en un refugio. La gente me tiene miedo, pero los que me conocen saben que soy tranquilo y cariñoso. Y muy valiente, según mi dueño. Mi primera familia se olvidó de mí. No me buscaron. Yo los busqué por todas partes. No me olvido de ellos, pero los recuerdos se me van difuminando. Ahora tengo una nueva familia, y no quiero olvidarme de las cosas. Por eso empecé este diario.
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