martes, 22 de junio de 2010

No come vidrio

Siempre cuenta los mismos chistes. Las mismas anécdotas, infinitamente repetidas. Y siempre dice los mismos refranes.
"Se trepaba por las paredes".
"Es loco pero no come vidrio".
Yo no los entendía, o me parecían meras exageraciones. Pero se me hizo la luz. Ayer él tenía que ir a media cuadra, me puso la correa y me llevó. Como era de esperar, Lisa se indignó. Nada de qué sorprenderse. Lloró y gritó en protesta. Como siempre.
Pero después se trepó por la pared. Literalmente. No me explico cómo lo hace. Vino corriendo, saltó a la casilla de gas, y de ahí corrió por la pared, como hacen los jugadores de pelota a paleta. Otro día les cuento de la pelota a paleta. Corrió por la pared, gritando como loca. Por poco llega hasta el alero del porche.
Ella estaba en la computadora y presenció la escena. Se conmovió.
A todo esto, yo me iba tan contento. No es que sea insensible, yo la oí y me dio pena. Pena y un poco de vergüenza ajena. Sí, me dio pena. Pero me fui igual, contento por el paseo.
Ella se conmovió y abrió la ventana para hablarla y consolarla. Lisa vio la ventana abierta y saltó adentro de una. Y siguió corriendo como loca por dentro de la casa. Aullaba como si la estuvieran cuereando. Ella le hablaba y trataba de calmarla, pero nada. Y corriendo, corriendo, llegó de nuevo a la ventana y saltó para afuera. Solo que la ventana ya estaba cerrada. Pegó en seco, con la punta del hocico. Rebotó para adentro. Más llanto, más locura, más desorientación. Tomó carrera y saltó de nuevo. La ventana seguía cerrada. Menos mal que el vidrio no se rompió. Esta vez fue demasiado. Es loca pero no come vidrio. Se sentó a llorar despacito. Ella la habló y la tranquilizó.
Al ratito volvimos. Lisa ya estaba tranquila, y se moría de ganas de contarme del vidrio estúpido que le había abollado el hocico. Yo, feliz con mi paseo.