Se fueron a comer un asado a Chovet y me dejaron solo. No hay drama, yo no tengo miedo. Pero me trajo recuerdos tristes. Por lo menos estaba en mi territorio, en mi casa, con agua y comida.
Volvieron como a la medianoche. Me puse loco de alegría. Me saludaron, me acariciaron, y todo eso.
Tenían olor a perro, como siempre que vienen de Chovet, porque el cuñado tiene seis boxers y dos perros más.
Pero pasaba algo. Se demoraban. Al final abrieron la puerta del auto, y apareció una perra. La acercaron a la reja, y entró en pánico. Yo la quería olfatear, pero ella lloraba como si la estuvieran carneando, y no quería saber nada. ¿Quién entiende a las perras? No la pudieron tranquilizar, así que me encerraron en el patio de adelante, y ella fue a parar al patio de atrás, cerca de ellos.
Escuché cómo se lamentaba, y ellos le hablaban. Enseguida se calmó, y ya no hubo más ruidos. Me llama la atención. No sé qué le habrán dicho. Tal vez la sobornaron. ¿Le habrán dado un hueso, y a mí nada? Eso me preocupa. ¿Cómo será el reparto de territorios ahora? ¿Tendremos otra escena como la de Macu? Pensando en esto y barajando posibilidades, no pude dormir.
Se llama Lisa. Es bastante parecida a mí, negro y fuego, pero no igual. Tiene como una corbata blanca. Pesa más o menos la mitad que yo. Es delgadita y tiene un hocico muy lindo. Lástima que sea tan llorona.
