miércoles, 5 de mayo de 2010

El cuñado

Estuvieron hablando de que el fin de semana vendría el cuñado. O sea el hermano de ella, que vive en Chovet. El quería que el cuñado lo ayude a arreglar la cuestión con Macu. No sé qué cuestión es la que quieren arreglar, ni por qué tendrían que arreglarla ellos, pero los humanos no entienden nada de nada.

Vino. Nos ataron a Macu y a mí con las correas, cerca pero sin podernos morder. Nos pusimos locos. Los dos ladrábamos y tirábamos de la correa, las mujeres chillaban como locas, y ellos nos daban con una ojota y gritaban no, no, quieto, quieto. Un circo, una batahola. Un verdadero desperdicio de adrenalina. Quedamos todos alterados.

Pero no todo fueron males. Cuando se asentó la polvareda se pusieron a hacer un asado. Mientras, hablaban sobre lo que había pasado. Dijeron que no había servido para nada. Unos bochos. Me podrían haber preguntado a mí, y nos habríamos ahorrado todos el stress. Ligué varias grasitas. Me quemé el hocico por ansioso, pero ya aprendí. Después empezaron a llegar las costillas. Me fascinan las costillas: primero las pelo, después las mastico, y al final me las trago.

Son las tres de la mañana y no me puedo dormir. Mi dueño tampoco: se levantó como diez veces, me doy cuenta porque prende la luz. Todavía no entiendo. Lo único que yo quería era pelear con Macu y aclarar quién es el macho alfa (o sea, yo). ¿Es mucho pedir que nos dejen arreglar nuestras cuestiones entre nosotros?

El instinto me dice que algo va a pasar. Lo huelo en el aire. Aparentemente está todo tranquilo, pero hay electricidad en el ambiente. Estoy nervioso. ¿Me quedaré de nuevo sin familia? ¿Me van a devolver al refugio? ¿Se habrán enojado conmigo? Yo no me pude contener, fue todo tan de improviso que casi no me di cuenta de nada.

No tengo sueño. Me acuerdo de la señora rubia. Ella me va a salvar. Me gustaría hablarlo a Dios, pero sigo sin saber cómo lo hacen ellos. En momentos así envidio a los humanos.