Como ya dije, Macu y yo estamos en patios diferentes, nos olemos, pero no nos vemos. Bueno, no nos veíamos. Ayer, en un descuido de mi nuevo dueño, quedaron abiertas las puertas de la cochera. Y pasó lo que tenía que pasar. Macu y yo nos trenzamos. No hay dos machos alfa a la vez en el mismo territorio. Y nos agarramos. Como corresponde. Sin vueltas, sin ladridos, sin hojarasca: nos vimos y fuimos derecho a matar o morir.
Pero a mi nuevo dueño no le gustó, y se ocupó de dejarlo claro. Nos agarró del collar y nos levantó a los dos. Nos levantó como muñecos. Yo lo único que veía era el cuello de Macu, y estaba eligiendo el lugar para morderlo. Estábamos sacados. Pero el tipo tiene mucha fuerza, y por poco nos arranca la cabeza. Al rato vino ella, y nos separaron.
El me revisó. Me salía sangre. No me había dado cuenta. Yo peso menos de 30 kilos, y Macu más de 50 (es cruza de pastor alemán con sabueso) pero si no me lo quitan lo mato. Aunque a él no le salía sangre. Bueno, esta vez tuvo suerte. Pero si lo agarro de nuevo me lo como.
Después la gente le decía que no se meta en una pelea de perros, que lo podíamos morder. No sé a Macu, pero a mí ni se me pasó por la cabeza. La cosa era con Macu. Nunca he mordido a mis dueños, no me explico que algún perro ataque a su dueño, tiene que estar muy loco. Es una cuestión de principios. Además, después de lo de ayer, ya sé que tiene la mano pesada, así que mejor no hacerse el loco.
