Hace más de un mes que estoy aquí. Cómo pasa el tiempo, Dios mío.
Yo aprendí a decir "Dios mío" de la señora rubia. Parece que los humanos tienen un amigo que se llama Dios, y le hablan con cualquier excusa. Lo que todavía no descubrí es cómo hacen: no es teléfono, ni celular, ni email, ni sms. Parece que ese Dios tiene una quinta que se llama Cielo, y muchos quieren ir, aunque hay otros que dicen que no les importa.
¿A Dios le gustarán los perros? ¿Me van a llevar a mí también o me van a dejar en el patio? ¿Habrá huesos? ¿Y otros perros para jugar?
El refugio no es el Cielo. Hay cosas buenas, pero yo estoy triste. Una de las cosas buenas son los amigos. Me hice un par de amigos, que hace mucho que están aquí y la tienen reclara. Ellos me dijeron que no me haga ilusiones, que ya pasó más de un mes, y que mi familia se olvidó de mí. ¿Cómo pudieron olvidarse? Que me olvide de ellos. ¿Cómo voy a poder? Estoy como anestesiado.
Hace más de un mes que estoy aquí. Me aburro mucho. En mi casa leía el diario. El diario, las revistas, los folletos, todo lo que tiraban por la reja. A mi familia no le gustaba que leyera el diario. Decían que yo rompía todo. No es por disculparme, pero es algo que me agarra y no puedo parar: lo leo y después lo rompo en pedacitos. Cómo me gusta leer. Pero no tengo nada para leer. Ni tengo internet ni TV por cable.
Pero no estoy triste por eso. Yo sé lo que me pasa, por qué estoy así. Ya se me va a pasar.
Pero hace más de un mes que estoy aquí.
