miércoles, 21 de abril de 2010

Desilusiones

Mis amigos tienen razón. Mi familia se olvidó de mí. Yo los perdono. Si los vuelvo a ver me voy a emocionar, voy a llorar y ladrar y saltar y hacerles fiestas: soy un perro, soy fiel. Pero la verdad es que ellos se olvidaron de mí. Es una desilusión.

Hoy me vino a ver un matrimonio. El me quería llevar, se notaba que me quería llevar. Pero ella no. Ella hablaba todo el tiempo de un tal Félix. Y estaba triste. Me dio envidia. Envidia y tristeza. Ella lloraba por Félix, y en cambio mi familia se olvidó de mí. Ya sé quienes son, ahora me doy cuenta. Félix se perdió hace tiempo, yo ví los avisos en la tele y en el diario. Y claro, ahora relaciono, también ví un montón de carteles con la foto de Félix en almacenes y kioscos, cuando andaba perdido por ahí. Esto me puso triste, por la envidia. Pero enseguida me alegré pensando que me llevarían.

Para qué. Para qué me hice ilusiones. Al final se fueron. No me llevaron.

Los 300 de siempre que ladran como demonios.
Las pulgas.
La sarna.
La comida fea.
El agua con bichos, caliente porque los bebederos están al sol.

No me importa nada.
No me doy cuenta de nada.
Se me nublan los ojos.

Me había hecho tantas ilusiones.