martes, 27 de abril de 2010

Cargosa

¡Visitas! Vino ella con su hija, en moto. Les ladraron todos los perros del país. Yo no. Primero porque yo no ladro a las motos. Y además, a ella la quiero.

Habló con el flaco, metió la nariz por todas partes, y estuvo cargosa como siempre

lo llamó a Dios varias veces, pero no sé para qué

todavía no consigo averiguar cómo lo hace, no usó el celular, a pesar de que lo usa todo el tiempo

como siempre. Estuvo un rato. Preguntó. Miró. No dijo nada, pero yo la conozco y sé que algo no le gustó

habló conmigo, ya saben, las cosas que se dicen por buena educación. Yo la quise llevar aparte para decirle lo que me pasa, pero el flaco estaba encima todo el tiempo, y no pude. De todos modos ella es una luz, y creo que se dio cuenta de todo. Espero.

El flaco es bueno, pero yo estoy cada vez más enfermo. No sé qué podrá hacer ella, pero soy optimista. Me basta un hueso para mover la cola. ¿Un hueso, dije? Ya ni me acuerdo de la forma de un hueso, tanto hace que no veo uno.