Anoche llegó Lisa. Dormimos en patios separados. Esta mañana mi dueño la acercó a la reja de mi patio, pero por el lado de afuera. Reja de por medio. Al principio Lisa no quería saber nada. De a poco la fue trayendo para que me olfatee. Al rato la convenció de dejar que yo la olfateara. Siempre reja de por medio. Bastante rato después la trajo a mi patio, pero antes me ató a la reja. A ella la traía de la correa. Estuvimos un rato cerca, y teníamos mucha curiosidad. Al final, la dejó acercarse a mí. A todo esto, yo siempre atado.
Qué innecesario. Yo soy un caballero. Jamás atacaría a una perra.
Al final, a Lisa se le pasó el susto, nos olfateamos a gusto, y nos soltó para que jugáramos.
Es divertido jugar con Lisa. Jugamos a correr, y hacemos como que nos mordemos, pero es un juego. Ella es bastante llorona. Dice que yo soy muy bruto. Puede ser, pero ella también es una llorona. A cada rato llora como si la estuvieran degollando, y es nada más que un mordisco. Ni siquiera, porque yo no la muerdo, solo amago.
Nos hacemos compañía. Nos llevamos bastante bien, como si nos conociéramos de toda la vida. El tema de los territorios está sin resolver, porque no se presentó. No me voy a adelantar a los hechos. Veremos qué pasa.
Pero ya somos amigos.
