viernes, 21 de mayo de 2010

No tiene códigos

No tiene códigos. Ni vergüenza. Yo soy un tarado: hago lo que tengo que hacer, no hago lo que no tengo que hacer, si me retan me doy cuenta en el acto, me pongo triste y me voy a la cucha.

Ella no. Ella no tiene códigos. Si la retan cree que es un juego. Se ríe. Y como es tan simpática, hace lo que se le da la gana, y se hace perdonar todo, moviendo la cola.

Cuando nos dan la comida, yo me como todo, no elijo, no dejo nada. Ella no. La señorita come lo que le gusta, y deja lo que no le gusta. El alimento balanceado del súper no le gusta. Saca todas las pelotitas, una por una, se come las que le gustan, y deja las demás. ¿Por qué tiene que ser así de complicada?

Ayer estábamos los cuatro en el patio. Ya nos habían dado la comida, y estábamos nosotros panza arriba tomando sol. Él se fue un instante a la cochera, ella se fue un instante al lavadero, y Lisa se zampó al dormitorio. Una luz. Cuando me dí cuenta, la quise seguir, pero me vieron y me atajaron; bastó un chistido. Me salía de la vaina porque la injusticia me subleva, pero no dije nada y me quedé sentado. La bronca que tenía.

Al rato, él entró a la casa, y allá la descubrió, en la cocina. Moviendo la cola como una princesa, la guacha falsa. El miró por todas partes, no había nada roto, todo parecía en orden, ella tenía su mejor sonrisa. Bueno, la sacó, no pasó nada. Listo.

Pero Lisa es chusma, no se aguantó y me contó. En el segundo que estuvo sola en la cocina se tragó una pata de pollo asado, que habían reservado para la noche. Se la tragó entera. Con razón estaba contenta cuando él la vio. Tenía motivos. Cuando buscaron la pata y no la encontraron nos preguntaron a nosotros. Yo no dije nada, faltaba más. Pero ella, ella se quedó muda. ¡Qué guacha! Ellos pensaron un rato, y se dieron cuenta de quién había sido. Yo esperaba que la reten y la manden a la cucha en penitencia. Pero no le dijeron nada. Es tan simpática...

A la noche fue la historia. Yo sabía lo que iba a pasar. Anduvo haciendo arcadas un rato y al final vomitó. No sería ético decir que me alegro, pero ganas no me faltan.

No tiene códigos.