Fue demasiado. Me puse rígido y empecé a temblar. No me podía controlar, aunque quería. Un papelón, que lo parió.
Cuando me mojó, me escapé. No llegué lejos.
Me ató con la correa a la reja chica del patio, y quedé indefenso. Dios mío.
Me empezó a hablar, y a enjabonar. Si se dio cuenta de que yo estaba nervioso, no se notó. Le dio para adelante sin pedir permiso. Y bueno, yo soy de la idea de que si no puedes vercerlos, únete a ellos, así que lo dejé hacer.
Después me enjuagó.
Me sacudí para secarme. Salí corriendo, todo mojado sobre el piso mojado. Patiné y me dí un bruto porrazo, pero no me importó.
Me sacudí para secarme. Salí corriendo, todo mojado sobre el piso mojado. Patiné y me dí un bruto porrazo, pero no me importó.
Estaba fresco y limpio, y me puse contento.
