lunes, 10 de mayo de 2010

Shampoo

Volvimos de caminar, estaba sediento. Realmente, el calor de la tarde de verano me jugaba en contra. Estaba muy cansado. Pero cuando los humanos conversan haciéndose los distraídos hay que estar atento. Como en este caso. Ellos creen que no me doy cuenta, pero yo percibo todo. Es decir, me doy cuenta de que hablan de mí por su lenguaje corporal. Y estaban hablando de mí. Barajando opciones de lugares ¿lugares para qué? Después apareció en un shortcito gris hecho bolsa que tiene como mil años, pero él lo ama. Se fue a la cochera, y trajo una botella que decía "Shampoo para perros". Después trajo un balde y un cepillo. Finalmente, prendió la bomba de agua y se me acercó con la manguera. Salía un chorro como una catarata.

Fue demasiado. Me puse rígido y empecé a temblar. No me podía controlar, aunque quería. Un papelón, que lo parió.

Cuando me mojó, me escapé. No llegué lejos.

Me ató con la correa a la reja chica del patio, y quedé indefenso. Dios mío.

Me empezó a hablar, y a enjabonar. Si se dio cuenta de que yo estaba nervioso, no se notó. Le dio para adelante sin pedir permiso. Y bueno, yo soy de la idea de que si no puedes vercerlos, únete a ellos, así que lo dejé hacer.

Después me enjuagó.

Me sacudí para secarme. Salí corriendo, todo mojado sobre el piso mojado. Patiné y me dí un bruto porrazo, pero no me importó.

Estaba fresco y limpio, y me puse contento.