miércoles, 12 de mayo de 2010

Curabichera

Anteayer buscó en la alacena de la cochera y sacó un frasquito. De vidrio. Chiquito. Lo olí para ver si era comestible, pero no me gustó. Estornudé.

Después me agarró, me llevó al sol y me empezó a hablar con voz tranquila. Yo pensé que me estaba mimando y me puse contento. Pero buscó una peladura que tenía en un codillo, y me roció con el frasquito.

Me asusté. Empecé a retorcerme y me quise escapar, pero no me dejó. Lloré. Un papelón. No me dolía ni nada, pero me agarró de sorpresa. No hay derecho. Era algo desconocido y me asusté. Por eso lloré, pero no es que no tenga aguante, por favor. Además lloré poquito.

Después siguió con todas las peladuras que tenía, que eran unas cuantas. Me roció en cada una. La verdad es que en el momento me pica un poco, y si lo huelo me hace estornudar. Pero no es nada grave.

Hoy es el tercer día que me pone, y ya no me da miedo. Lo dejo hacer sin dramas. Se me están empezando a curar las peladuras, y ya no me pican más, así que dejé de rascarme. Y aprendí a no olerlo, así que tampoco estornudo.

Pero me ha quedado una desconfianza hacia los frasquitos chiquitos de vidrio con rociador.