Mi dueño fue a clases de yudo cuando era chico. El sensei tenía un ayudante, que era petiso, pero autoestima no le faltaba. El sensei siempre le decía: "petiso para agrandado"; y el ayudante contestaba "grandote para boludo"
Cómo le gustan los refranes a mi dueño. Si no fuera tan repetitivo...
a veces los perritos chicos son los más agresivos. Ayer uno se me vino encima. Yo me puse contento, pero mi dueño no me dejó. Me lo sacó del buche, qué amargo. Dos casas más allá nos encontramos con el carnicero. Estábamos paseando por el Barrio de la Carne, que se llama así no porque trabajen las chicas o sea una zona roja. Es que lo construyó el Sindicato de la Carne, que en esta zona solía tener mucha gente, cuando en el país había vacas. Mi dueño dice que ahora las vacas y los pollos son de soja.
El asunto es que se encontró con el carnicero, que le dijo "pero dale un garrotazo en la cabeza, ese perrito es una mierda. El otro día lo tenía con la escopeta y no lo maté de casualidad. Yo antes tenía un pastor alemán acá debajo de la escalera, y había que ver. No pasaba ni un solo perrito de esos, porque mi pastor los agarraba de la cabeza y los tiraba para arriba. Ah, había que verlo. Pero se me murió y ahora estos me vuelven loco. El otro día me garroneó y me tuve que defender a patadas, es un hijo de puta. Ahí fue cuando casi lo mato con la escopeta." Estaba calentito, el carnicero.
Algunos son tranquilos, pero otros son insoportables. Ladran como si te fueran a comer. Ridículos. Lo que hay que soportar. ¿Y los dueños, dónde están? Yo creo que los perros histéricos tienen dueños histéricos.
Me encantaría, oh, cómo me gustaría, que alguna vez se le escape la correa. Dame cinco segundos, y yo les enseño que el agua no se mastica. Cinco segundos, no pido nada más. Y van a ver cuántos pares son tres botas.