Ayer a la tarde volvieron con una trampa. Es una jaulita, le abren la puerta, le ponen queso, y a esperar. La trampa estaba en la cochera. Debajo del auto la puso el guacho, bien al medio. Debajo del auto y claro, del otro lado del boyero eléctrico.(el boyero lo pusieron porque...
no sé, no entiendo por qué...
¿qué daño le hace a la rueda que yo la orine? Claro que no era una, eran las cuatro. Y los paragolpes (o spoilers, chupate esa). Los dos. Y ya que estaba, las puertas también. Después de todo, yo soy el rey de la cochera, y todo lo que está en la cochera es mío. Pero no. No y no. Y pusieron el boyero. Un par de patadas después aprendí que no me conviene tocarlo...)
A la nochecita, gran batahola, Lisa aullando como un demonio, y yo fui a ver. Saltamos el alambre (lo que puede la adrenalina), Lisa se metió debajo del auto y sacó la jaulita. Con una laucha dentro. Ah, por fin. Me puse la servilleta y me dispuse a comerla. Big problem. La jaula es de alambre de acero. La rata me miraba, asustada. Con razón. El alambre se doblaba, pero no se rompía. Al ruido vinieron los dos. Me quitaron mi jaula.
Todo me quitan, parecen de la AFIP.
La jaula fue a parar al balde, el balde bajo la canilla, y lo llenaron de agua.
¿Y para qué la bañás a la laucha? Igual sigue siendo un bicho inmundo. Lo único que falta es que le pongas mi champú. Pero bueno, date el gusto, bañala si querés.
Por supuesto, al rato se murió. Obvio que se iba a morir. No entienden nada estos humanos. Se murió. La embolsaron y desapareció. Armaron la trampa de nuevo.
Pensando un rato nos dimos cuenta de que hace meses que no lo conectan, al boyero. Así que esta vez saltamos el alambre sin dramas. Lisa sacó la jaula de abajo del auto, y yo me la llevé a la cucha para estudiarla. Estaba en eso cuando, de golpe, se cerró sobre mi hocico. Eso me dolió. Esta mañana ella descubrió la jaula en mi cucha. Me la quitaron, la armaron de nuevo, y volvieron a conectar el boyero.
Hay gente jodida.