Salieron a la tarde y cuando volvieronahora que lo digo, me está pareciendo que cada vez que salen y vuelven pasa algo
cuando volvieron pararon delante del portón, y empezaron a mirarnos a Lisa y a mí. De una manera rara. Nos miraban y no se bajaban. Empezamos a llorar. Estas cosas nos ponen mal. Lo inesperado nos desorienta. Al rato, ella se bajó, abrió el portón, entraron el auto y cerraron todo. Nosotros esperábamos detrás de la puerta que va de la cochera al porche, con la nariz pegada al vidrio. Y se demoraban. Al final, aparecieron con una caja.
¡comida, vamos a olfatear! pensamos nosotros
Pero no nos dejaron ni arrimar. La caja tenía un olor raro.
me acordé de las selvas, de la tundra y la estepa, las cacerías en manada
pero yo nací acá, no en Alaska
hago memoria; creo que nunca cacé un alce
me dí cuenta. Me dí cuenta enseguida. Gato. Olor a gato. ¿Cómo gato? ¿Dentro de la caja?
Al rato nos dejaron verlo. Es un gatito bebé. Ella nos contó que se llama Newton y no lo podemos comer
qué ridículez
cómo le van a poner Newton al gato
Newton
y no es para comer
ridículos
