Siempre cuenta los mismos chistes. Las mismas anécdotas, infinitamente repetidas. Y siempre dice los mismos refranes.
"Se trepaba por las paredes".
"Es loco pero no come vidrio".
Yo no los entendía, o me parecían meras exageraciones. Pero se me hizo la luz. Ayer él tenía que ir a media cuadra, me puso la correa y me llevó. Como era de esperar, Lisa se indignó. Nada de qué sorprenderse. Lloró y gritó en protesta. Como siempre.
Pero después se trepó por la pared. Literalmente. No me explico cómo lo hace. Vino corriendo, saltó a la casilla de gas, y de ahí corrió por la pared, como hacen los jugadores de pelota a paleta. Otro día les cuento de la pelota a paleta. Corrió por la pared, gritando como loca. Por poco llega hasta el alero del porche.
Ella estaba en la computadora y presenció la escena. Se conmovió.
A todo esto, yo me iba tan contento. No es que sea insensible, yo la oí y me dio pena. Pena y un poco de vergüenza ajena. Sí, me dio pena. Pero me fui igual, contento por el paseo.
Ella se conmovió y abrió la ventana para hablarla y consolarla. Lisa vio la ventana abierta y saltó adentro de una. Y siguió corriendo como loca por dentro de la casa. Aullaba como si la estuvieran cuereando. Ella le hablaba y trataba de calmarla, pero nada. Y corriendo, corriendo, llegó de nuevo a la ventana y saltó para afuera. Solo que la ventana ya estaba cerrada. Pegó en seco, con la punta del hocico. Rebotó para adentro. Más llanto, más locura, más desorientación. Tomó carrera y saltó de nuevo. La ventana seguía cerrada. Menos mal que el vidrio no se rompió. Esta vez fue demasiado. Es loca pero no come vidrio. Se sentó a llorar despacito. Ella la habló y la tranquilizó.
Al ratito volvimos. Lisa ya estaba tranquila, y se moría de ganas de contarme del vidrio estúpido que le había abollado el hocico. Yo, feliz con mi paseo.
martes, 22 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
Delivery vs casera
Tu bife, o no tu bife, that is the question.
De todos los refranes y citas (rarezas) que suele sacar él de la manga, este es el que más me emociona. Tu bife, o no tu bife. Bife o hueso, es lo mismo. Esto me lleva a la cuestión del título, delivery versus casera. Lisa y yo tenemos la cuestión abrumadoramente resuelta: preferimos la comida casera. No sé qué tiene, pero nos gusta más. Puede ser arroz o polenta, pero es más rica.
Por ejemplo las pelotitas del súper: una mierda. Es como masticar arena. Yo las comía, pero Lisa las dejaba. Si tenía mucha hambre comía unas poquitas, y después se iba con aires de ofendida. Es verdad que Lisa es melindrosa, pero las pelotitas son muy feas, en eso tiene razón.
Ella nos cocina arroz o polenta. Le mete pedacitos de pollo, o calditos de carne. Impresionante.
Estaba cantado que se les iba a ocurrir la nefasta idea de mezclar las pelotitas con el arroz casero. Obvio. Lo hicieron: yo me comía todo, Lisa se comía el arroz y dejaba las pelotitas. Yo después me comía las que dejaba. Un fracaso.
Después cambiaron a otra marca, que no solo es más barata (compran en un mayorista) sino que es mucho más rica. Estas sí que son ricas. Hasta Lisa las come con gusto.
Pero nada como la casera.
Hace como un mes el cuñado apareció con una bolsa de un arroz saborizado que fabrican en la cooperativa donde trabaja. Así que ahora estamos en el mejor de los mundos, porque nos dan la mezcla de las pelotitas ricas con el arroz saborizado.
Comemos mucho. La verdad es que comemos mucho. No estamos gordos, nada que ver. Pero comemos mucho. Lo peor de todo es que si nos dieran el doble también lo comeríamos: no podemos parar.
Antes nos daban huesos hervidos, pero leyeron que nos puede hacer mal, así que no más huesos. Un garrón, nunca mejor dicho. Ahora están discutiendo si nos van a dar o no huesos crudos. Espero que se decidan pronto.
De todos los refranes y citas (rarezas) que suele sacar él de la manga, este es el que más me emociona. Tu bife, o no tu bife. Bife o hueso, es lo mismo. Esto me lleva a la cuestión del título, delivery versus casera. Lisa y yo tenemos la cuestión abrumadoramente resuelta: preferimos la comida casera. No sé qué tiene, pero nos gusta más. Puede ser arroz o polenta, pero es más rica.
Por ejemplo las pelotitas del súper: una mierda. Es como masticar arena. Yo las comía, pero Lisa las dejaba. Si tenía mucha hambre comía unas poquitas, y después se iba con aires de ofendida. Es verdad que Lisa es melindrosa, pero las pelotitas son muy feas, en eso tiene razón.
Ella nos cocina arroz o polenta. Le mete pedacitos de pollo, o calditos de carne. Impresionante.
Estaba cantado que se les iba a ocurrir la nefasta idea de mezclar las pelotitas con el arroz casero. Obvio. Lo hicieron: yo me comía todo, Lisa se comía el arroz y dejaba las pelotitas. Yo después me comía las que dejaba. Un fracaso.
Después cambiaron a otra marca, que no solo es más barata (compran en un mayorista) sino que es mucho más rica. Estas sí que son ricas. Hasta Lisa las come con gusto.
Pero nada como la casera.
Hace como un mes el cuñado apareció con una bolsa de un arroz saborizado que fabrican en la cooperativa donde trabaja. Así que ahora estamos en el mejor de los mundos, porque nos dan la mezcla de las pelotitas ricas con el arroz saborizado.
Comemos mucho. La verdad es que comemos mucho. No estamos gordos, nada que ver. Pero comemos mucho. Lo peor de todo es que si nos dieran el doble también lo comeríamos: no podemos parar.
Antes nos daban huesos hervidos, pero leyeron que nos puede hacer mal, así que no más huesos. Un garrón, nunca mejor dicho. Ahora están discutiendo si nos van a dar o no huesos crudos. Espero que se decidan pronto.
martes, 1 de junio de 2010
El chanchódromo
Fuimos a caminar los cuatro. Anduvimos por las calles, doblando de vez en cuando, hasta que llegamos a una plaza enorme. Tiene cuatro manzanas. En el medio de la plaza había un señor a caballo. Lisa se le fue al humo y empezó a ladrar. Pero el señor no se movía, así que se aburrió.
Seguimos nuestro paseo. Dimos una vuelta a la plaza. Y otra. Y otra. La cabeza me estallaba. ¿Qué estábamos haciendo? Como de costumbre, nadie se tomó el trabajo de explicarme nada.
Había un montón de gente, muchos con perros. Todos daban vueltas y vueltas a la plaza. Ridículos. Algunos perros estaban perplejos. Otros tenían cara de saber algo, pero no lo decían. Y otros, bueno, ya se sabe que siempre hay irreflexivos que ni se cuestionan qué hacen o por qué.
De las conversaciones que pude escuchar deduje que este lugar se llama el chanchódromo. Y parece que hay un par de chanchódromos más en la ciudad. Yo no vi ningún chancho, así que no entiendo el nombre.
Seguimos nuestro paseo. Dimos una vuelta a la plaza. Y otra. Y otra. La cabeza me estallaba. ¿Qué estábamos haciendo? Como de costumbre, nadie se tomó el trabajo de explicarme nada.
Había un montón de gente, muchos con perros. Todos daban vueltas y vueltas a la plaza. Ridículos. Algunos perros estaban perplejos. Otros tenían cara de saber algo, pero no lo decían. Y otros, bueno, ya se sabe que siempre hay irreflexivos que ni se cuestionan qué hacen o por qué.
De las conversaciones que pude escuchar deduje que este lugar se llama el chanchódromo. Y parece que hay un par de chanchódromos más en la ciudad. Yo no vi ningún chancho, así que no entiendo el nombre.
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